¿Está prohibido limpiar y desbrozar los montes en España?

La Ley estatal de Montes estipula que los propietarios de terrenos, fincas y montes son los responsables directos de su mantenimiento y limpieza.

¿Está prohibido limpiar y desbrozar los montes en España?

El fuego ya ha quemado en España 412.533 hectáreas de terreno en lo que llevamos de año, según el Sistema Europeo de Información de Incendios Forestales. 165.837 se quemaron en la semana del 5 al 12 de agosto y 199.299 en la semana siguiente. La terrible ola de incendios forestales de este mes de agosto (que no ha acabado) ha puesto en tela de juicio muchas de las políticas de conservación de nuestro bosques.

La superficie forestal de España ocupa más del 55% del territorio, con una tendencia al crecimiento lento pero sostenido como consecuencia del abandono rural, especialmente de la superficie arbolada que ahora ocupa el 37%, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Hablamos pues de una superficie de más de 28 millones de hectáreas.

España vaciada o no, la gran mayoría de los fuegos se han dado en zonas muy poco pobladas del triángulo que forman Zamora, León y Ourense. Son provincias con mucha masa forestal, con una baja densidad de población y, por lo visto, con poco trabajo de limpieza durante el resto del año.

Esa labor deviene fundamental para reducir la biomasa (el combustible) con el objeto de disminuir el riesgo de incendios. Pero en todos los casos se repite aquello de que los bosques están descuidados; que antes esa limpieza se hacia de manera natural, porque había más población, más cultivos, más ganadería, más animales, más labores en el campo. En suma, que la propia vida rural cuidaba el monte.

A partir de ese discurso, en muchos pueblos asolados por el fuego hemos escuchado discursos contra los ecologistas de manual. En redes sociales se ha repetido que sus políticas bienintencionadas pero de despacho han llevado a las personas que viven en el monte a no poder hacer lo que hacían. Como si el discurso ecologista y la Agenda 2030 hubieran robado el monte a la gente que vive allí.

Limpiar y desbrozar no está prohibido

El especialista del programa de bosques de la organización WWF, Jorge Aguado, desmiente que la limpieza de montes se vea entorpecida por leyes ecologistas. Según este ingeniero forestal, al contrario, las organizaciones medioambientales demandan "mayor gestión forestal y del territorio" para prevenir incendios.

"Se está hablando mucho de que la culpa es del proteccionismo ambiental, se nos acusa de no querer cortar árboles cuando, precisamente, en nuestros proyectos hablamos justo de lo contrario", le ha dicho Aguado a Efe. Y subraya que "muchas veces restaurar ecosistemas no pasa por plantar o tener más biomasa, sino por todo lo contrario, por talar árboles".

Porque no es verdad que en España esté prohibido limpiar y desbrozar. La Ley estatal de Montes y las distintas normativas de las comunidades autónomas no solo no prohíben, sino que regulan el mantenimiento y el aprovechamiento forestal, según un informe de Efe Verifica. El marco legislativo que regula estos espacios naturales estipula que los propietarios de terrenos, fincas y montes son los responsables directos de su mantenimiento y limpieza, así como de realizar "los trabajos de carácter preventivo a lo largo del año" para la prevención y defensa ante incendios forestales.

Para llevar a cabo el mantenimiento el proceso es "claro", es necesario hacer una solicitud y obtener los permisos correspondientes, explica Aguado. Solo en "el 1% de los espacios naturales protegidos, que son aquellos parques nacionales o reservas nacionales, existe una protección más intensa", asegura el de WWF y en el resto sí que se pueden realizar aprovechamientos del monte.

Las administraciones autonómicas intervienen para asegurar que estas labores de protección de incendios "se hacen de acuerdo con el saber hacer de la ingeniería de montes española", añade el decano del Colegio Oficial de estos profesionales en Aragón, Ignacio Pérez-Soba. "La legislación forestal prevé que, en los montes de utilidad pública, el 15% de todos los ingresos de los aprovechamientos se ingresa en un fondo de mejoras que se reinvierte en la mejora y gestión del monte que lo ha producido", detalla.

La despoblación no ayuda

Según Ecologistas en Acción, en aquellas áreas amplias del territorio donde sea posible, la gestión extensiva debe centrarse en "fomentar un mosaico agroforestal que combine espacios abiertos y áreas arboladas, contribuyendo a generar paisajes más resilientes al fuego".

Es lo que en 2002 proponía un grupo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en una tribuna titulada Convivir con el fuego. "Los montes rentables no arden o lo hacen con menor intensidad", sostienen. En este caso, la rentabilidad es sinónimo de "gestión activa del territorio y de las personas que viven en él".

Los montes rentables no arden o lo hacen con menor intensidad"

"Hay que tomar iniciativas que permitan la recuperación de paisajes donde haya un mosaico de usos", defienden estos investigadores. Se referían a bosques, cultivos herbáceos y leñosos, pastos y matorrales, una diversidad que "actúa como un cortafuegos natural mientras se generan rentas que permiten a la población vivir dignamente".

Pero esa gestión extensiva sólo es posible en aquellas comarcas donde aún queda un mundo rural vivo. "Lamentablemente ese no es el escenario generalizado, ya que la despoblación afecta a gran parte del territorio", según Ecologistas en Acción. Por ello esta organización considera "urgentes las políticas que luchen contra el reto demográfico y faciliten el desarrollo del sector primario, especialmente el de base agroecológica".

Los expertos coinciden en que el abandono generalizado del medio rural incrementa el riesgo de incendios. En las últimas décadas se han dejado muchas áreas de cultivo que, al ser ocupadas por la vegetación, se han incorporado como "terrenos forestales", considera Luis Berbiela, vicepresidente de la entidad Pau Costa para la prevención y gestión de incendios forestales. Por eso, este ingeniero de montes considera que ciertos procesos de la administración han de modernizarse, agilizarse y reducirse.

El cambio climático lo cambia todo

La reducción de la activad agrícola y ganadera en el monte ha propiciado la restauración de ecosistemas y el aumento de superficie forestal. Más bosque y más abandonado. A ello se ha sumado el cambio climático. En el planeta, el número y la intensidad de los incendios forestales más extremos se han duplicado en las dos últimas décadas, según un estudio publicado en la revista Nature en 2024. Los seis años más extremos se han dado desde 2017.

Las condiciones extremas derivadas del cambio climático conllevan elevadas temperaturas y periodos prolongados sin lluvia que favorecen la deshidratación de la vegetación y situaciones de extrema sequedad. "La crisis climática no es la única causa, pero desde luego es un acelerador que convierte muchos de los incendios que tenemos en extremos e inapagables, como vemos estos días", asegura el especialista de WWF.

Las condiciones climáticas extremas a las que nos avoca el cambio global nos llevan a un panorama en el que los incendios forestales serán cada vez más devastadores y de difícil control y su extinción pondrá en riesgo cada vez a más personas, según Ecologistas en Acción. No queda otra que "actuar contra las causas que originan el fuego".

En su último informe, el panel de expertos de la ONU sobre cambio climático, confirmó que el calentamiento global provoca "una mayor frecuencia de las olas de calor y sequías simultáneas a escala global", que son "las condiciones meteorológicas favorables para la ocurrencia de incendios forestales". Además, esos incendios emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero, que a su vez aceleran el cambio climático y causan más fuegos. Un círculo vicioso.

La consecuencia, incendios de sexta generación

Al abandono forestal, presente desde que a mediados del siglo pasado tuviera lugar el éxodo rural, en el tránsito al siglo XXI se le ha sumado el calentamiento global. Esa mezcla genera fuegos cada vez más intensos y violentos, a veces prácticamente inextinguibles. "Al estar el combustible tan seco, y con ello los árboles, las llamas cogen mucha altura y se produce lo que denominamos antorchamiento. Esos fuegos quedan fuera de la capacidad de extinción", explican en la Unidad Militar de Emergencias (UME).

Se les conoce como incendios de 'sexta generación' y su existencia tiene como base el cambio climático y la aridez extrema. Estos megaincendios liberan tanta energía que además de tener una atmósfera que les favorece, la aprovechan y la modifican, generando lo que los técnicos llaman tormentas de fuego.