Trabajadores sobrecualificados: "Tengo un máster y estoy en un puesto para el que piden bachillerato"

Trabajadores sobrecualificados: "Tengo un máster y estoy en un puesto para el que piden bachillerato"

Sandra Pérez estudió periodismo porque le gustaba leer y escribir. No tanto por vocación, sino por afinidad con el oficio. Pensó que escoger esta carrera sería un acierto teniendo en cuenta sus pasiones, y durante cuatro años trabajó en medios, en comunicación corporativa y redes sociales. Sin embargo, en los últimos meses, su trayectoria dio un giro y empezó a trabajar en McDonald’s. "Fue una decisión propia, también por necesidad económica", declara.

"No considero que me haya visto obligada, también quería cambiar de rumbo", añade esta catalana de 29 años. A la vista está, fue un empleo considerado por debajo de su cualificación; aunque le permitió algo que no había encontrado antes: tiempo para replantearse su futuro y seguir formándose. Mientras se dedicaba a las tareas que pedía la cadena de comida rápida, pudo ir explorando y redibujando su camino. "Ahora estoy buscando trabajo otra vez, he querido tomarme un par de meses para tomar decisiones, ya que me gustaría continuar estudiando".

Su casuística no es fortuita. España se mantiene como uno de los países con mayor sobrecualificación de la Unión Europea. Según datos de Eurostat, alrededor del 35% de los trabajadores ocupa puestos por debajo de su nivel formativo, un fenómeno que el sociólogo Oriol Homs i Ferret lleva varios años analizando. A su juicio, el origen no es puntual, sino estructural.

"Cuando se produjo la crisis, mucha gente se puso a estudiar. Y cuando el mercado laboral volvió, las empresas se encontraron con una población mucho más formada y mucho desempleo. Podían elegir", explica. Esa combinación generó un gran cambio, las empresas empezaron a seleccionar perfiles cada vez más cualificados, no tanto por necesidad, sino porque el mercado lo permitía. Y la sociedad interiorizó el mensaje; a más estudios, más oportunidades. "Se consolidó una cultura de la sobrecualificación", resume el sociólogo.

Ahora bien, esa lógica de que a mayor cualificación, mayor posibilidad de encontrar trabajo, lleva tiempo siendo cuestionada. El mercado laboral ha cambiado y ya no hay tanta abundancia de mano de obra. El desajuste persiste. Según datos del Programa Integral de Cualificación y Empleo (PICE) -del Servicio Público de Empleo Estatal- la sobrecualificación se ha intensificado entre 2017 y 2025 y afecta más a las pequeñas empresas. Sectores como la hostelería, la energía o los servicios buscan perfiles específicos, pero hay escasez de formación profesional y de competencias técnicas y digitales; detallan las evidencias de la encuesta.

"No es solo que haya personas con demasiada formación, es que muchas no tienen las competencias que realmente se necesitan", señala Homs. El problema, entonces, no es únicamente educativo, sino de conexión entre formación y empleo.

Perfiles afectados

Pérez lo vivió en primera persona. Aunque trabajó en su sector, nunca terminó de sentirse cómoda, especialmente en el ámbito de las redes sociales. Donde más encajó fue en la comunicación de eventos culturales, como festivales de cine. Un campo en el que la precariedad es latente, y para más inri, dedicada a comunicarlo. Aun así, decidió parar y actualmente está en paro por decisión propia.

Se ha dado unos meses para decidir hacia dónde orientar su futuro. "Seguro que quiero seguir estudiando", explica. Una voluntad que ejemplifica otro elemento clave de esta tendencia, la formación ya no se entiende como una etapa cerrada, sino como un proceso continuo. Según Homs, este es precisamente uno de los cambios necesarios: "No tiene sentido concentrar toda la formación al inicio. Hay que combinar estudio y trabajo a lo largo de la vida".

La sobrecualificación afecta sobre todo a jóvenes con estudios superiores. También es el caso de Eduard Guerra, de 25 años, que estudió Ciencias Políticas y cursó un máster en gestión pública. Hoy en día trabaja en la Administración, como técnico auxiliar. "Tengo una titulación para ser técnico administrativo, que es un nivel superior, pero estoy en un puesto para el que piden bachillerato", apunta.

Su experiencia más alineada con sus estudios fue en el extranjero, durante unas prácticas en la Delegación del Gobierno en Ginebra, Suiza. Allí sí que desempeñaba tareas acordes a su formación, pero tras el regreso, la realidad cambió. "Acabas cogiendo lo que tienes más cerca", afirma. Para él, la decisión de quedarse cerca de casa pesó más, pero a la vez reconoce que tiene una carrera y un máster y está "firmando licitaciones que no debería hacer alguien con este nivel".

Reducir el currículum para encontrar trabajo

Gaby Stein, de 60 años y nacida en Argentina, aterrizó en España con una carrera potente y difícil de obviar. Más de veinte años en proyectos de cooperación internacional, trabajando con organismos como el Banco Mundial o el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y coordinando equipos en distintos territorios. Su perfil encajaba con puestos de responsabilidad, pero eso no se tradujo de esa manera. "Los querían para gente local o, como mínimo, europea", recuerda. Su experiencia, sus idiomas -inglés, francés y catalán- y su trayectoria no eran compatibles con ese factor, sus orígenes.

Entonces empezó a postularse a empleos de menor cualificación y se topó con otro obstáculo. "Estás sobrecualificada". Según cuenta, la frase se repitió, proceso tras proceso. A veces avanzaba varias fases, pero "me encontraba con que tenía más experiencia que quien iba a ser mi jefe, y entiendo que lo vivían como una amenaza", cuenta. Por lo que relata, había cierta incomodidad con eso.

Su trayectoria en España se ha convertido en un ejercicio constante de adaptación. Ha ido encadenando trabajos muy distintos entre sí, algunos completamente alejados de su campo, como el sector inmobiliario. Y "en muchos casos, no fue a través de portales de empleo, sino de contactos personales", explica. "Es como si todo lo que hiciste antes dejara de tener valor y tuvieras que empezar de cero".

Para continuar, borró parte de su propia historia. Redujo su currículum, eliminó experiencia, títulos, formación. "Me quité la mitad", dice. En su caso, mostrar demasiado podría convertirse en un problema, más aún en un mercado donde las candidaturas pueden pasar primero por algoritmos. Ocultó para poder avanzar.

Lidiar con la frustración

Por otra parte, Màrius Sin, de 25 años, también estudió Periodismo por su vocación de escribir, podría tener un "máster" en concatenar trabajos por debajo de su cualificación. Actualmente trabaja como administrativo en la administración pública, un puesto para el que solo se requiere educación secundaria. Ha intentado acceder a posiciones acordes a su perfil, no ha logrado "ni una entrevista". Como muchos jóvenes, también se planteó en su momento trabajar fuera, pero ahora lo descarta: "Tengo la vida bastante montada aquí: piso, amigos, una colla castellera…".

La sobrecualificación no solo afecta a quienes la sufren directamente, tiene un impacto en todo el sistema laboral. El sociólogo lo explica así: "Los jóvenes con estudios superiores ocupan puestos de menor cualificación, desplazando a los titulados de formación profesional, que a su vez acaban en empleos menos cualificados".

Este efecto en cadena lleva consigo algo de paradoja. Mientras hay trabajadores sobrecualificados, algunas empresas no consiguen cubrir puestos básicos. Sectores como la restauración o la distribución ya están buscando soluciones, "recurriendo a acuerdos con entidades sociales o a programas de formación dual para captar perfiles que no encajan en el sistema tradicional", indica Homs.

Más allá de eso, existe un impacto social. La promesa de que estudiar garantiza un buen trabajo se ha debilitado. "Muchos jóvenes han invertido años en formarse y acaban en trabajos por debajo de su nivel. Esto genera frustración", advierte el experto. Aunque iniciativas europeas como la Garantía Juvenil intentaron corregir este desajuste, el problema se mantiene. En un mercado laboral donde, según señala Homs, "hay más puestos de trabajo que jóvenes", la oportunidad existe, pero el reto quizás está en lograr que el empleo esté a la altura de la formación.

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