Sin libertad de navegación no hay globalización
Durante meses, el debate económico global ha estado monopolizado por los aranceles de Donald Trump. Las cifras circulaban con precisión casi científica: un 25% aquí, un 145% allá, represalias chinas, exenciones selectivas y un goteo de incertidumbre que ha erosionado la confianza empresarial en todo el mundo. Comprensible. Pero hay algo mucho más grave que los aranceles, algo que el conflicto con Irán ha puesto sobre la mesa con una claridad que no deberíamos ignorar: la posibilidad de que el comercio mundial deje de fluir, simplemente, porque los barcos no puedan navegar.