Dejar el trabajo para acoger a un menor "de especial dificultad": más de 400 niños viven en acogimiento especializado en España

Dejar el trabajo para acoger a un menor "de especial dificultad": más de 400 niños viven en acogimiento especializado en España

Dejar el trabajo, reorganizar la vida y llevarse a casa a un niño que arrastra años de trauma. Es la valiente elección que hacen algunas familias en España para dar una oportunidad a niños con problemas de conducta y una discapacidad reconocida que llevan años en centros de menores. En España, más de 400 niños viven bajo esta modalidad de acogida, bautizada como "acogimiento familiar especializado", que ha cogido fuerza en los últimos cuatro años y que exige una formación por parte de al menos un miembro de la familia, que debe dedicarse en exclusiva al cuidado del niño a cambio de una compensación económica.

Son, en su mayoría, adolescentes. Niños que han pasado años en centros de protección, que acumulan historias difíciles y que no encajan en el acogimiento convencional. Requieren, por tanto, de una atención muy concreta, de alguien que tenga el tiempo, la energía y la experiencia necesaria como para saber acompañarles. "Tienen que tener licenciaturas sociosanitarias, ser pedagogas, psicólogas, educadoras o trabajadoras sociales, maestras, enfermeras, médicas... aunque la experiencia nos dice que el perfil que realmente se acomoda son personas que ya trabajan en el sistema de protección. Y ellas tienen que estar disponibles y dedicarse en exclusiva a estos chavales", detalla a 20minutos Maiti Sánchez, coordinadora del programa de Acogimiento Familiar Especializado de Especial Preparación (AFE-EP) de la Comunidad de Madrid.

Este programa se impulsó hace tres años por parte del Gobierno con un proyecto piloto financiado con fondos europeos, que se basó en la experiencia de éxito de Guipúzcoa (País Vasco), donde desde hace más de dos décadas se impulsan programas como este para evitar la institucionalización de los menores. El piloto arrancó en cuatro comunidades autónomas —Madrid, Cataluña, Navarra y País Vasco—, para luego desplegarse por el resto del país. Ahora depende de las comunidades autónomas, que son las que tienen competencias para financiar y reforzar este tipo de acogida.

Debido a esa heterogeneidad territorial, es complicado recopilar datos actualizados que permitan retratar de forma detallada la realidad de la acogida especializada en España. El Ministerio de Juventud e Infancia publicó a principios de marzo su informe anual con información de los menores en el sistema de protección, y en él aparecen por primera vez cifras de esta modalidad de acogida, correspondientes a 2024, probablemente el año de mayor impulso del programa. El informe contabiliza un total de 412 menores en acogimiento familiar especializado, de los cuales dos tercios tienen entre 11 y 17 años, que suele ser el rango de edad en el que ya cuesta más que un adolescente sea acogido por una familia.

Muchos han pasado años en centros residenciales, donde determinados comportamientos se cronifican. "Son niños de especial dificultad. Realmente, lo que más tienen son problemas de conducta, adaptación social y emocional, que dificultan un poco toda esta integración. Suelen tener discapacidad reconocida, porque esto es una mochila que va cargándose y que al final deriva en otras circunstancias", apunta Sánchez.

Acompañar y sanar un "trauma complejo"

Aldeas Infantiles es la otra entidad encargada de este tipo de acogimiento familiar especializado en la región. Según detalla a este periódico la directora del programa, Pilar Piñeiro, los "acogedores" ayudan a esos niños a "ordenar su historia de vida" tras haber sufrido situaciones de abandono que han acabado generando un "trauma complejo".

"A parte de su formación, tienen que tener capacidad para establecer vínculos afectivos, generar confianza, seguridad. Tienen que ser personas estables o parejas suficientemente cohesionadas, que dispongan de un equilibrio emocional", añade, antes de incidir en que esas familias "no están solas" en este proceso, pues hay siempre un equipo profesional pendiente que se encarga de monitorizar todo el programa y de mantener el canal de comunicación entre la familia acogedora y la familia biológica del niño.

"Es un compromiso muy serio. Al final te llevas un chico a casa, trabajas las 24 horas del día... No es un acogimiento al uso"

Al final, lo que se busca es favorecer la desinstitucionalización y garantizar "que todo niño pueda crecer en un entorno familiar", porque el paso a una familia supone una oportunidad de desarrollo emocional difícil de replicar en una institución. Pero no es un proceso automático. Los propios menores participan en la decisión y deben mostrar cierta disposición para trabajar su historia.

Tampoco vale solo con que la familia acredite una experiencia de dos años en algún ámbito sociosanitario en el que haya involucrados menores. Quien se preste a este tipo de acogida tiene que quererlo de verdad y estar muy convencido de ello. "Es un compromiso muy serio. Al final te llevas un chico a casa, trabajas las 24 horas del día, tienes que hacer formaciones, informes, tutorías y trabajo con nuestro equipo y con la familia biológica... o sea, no es un acogimiento al uso, hay mucho trabajo de por medio", subraya Sánchez, coordinadora de AFE-EP.

Faltan familias

Ambas expertas coinciden en que este es un tipo de acogimiento que se ha fortalecido en los últimos tres años, especialmente en la Comunidad de Madrid, pero que aun así faltan familias. El programa va unido a una remuneración económica, es decir, que pagan un sueldo a esa persona acogedora por haber dejado su trabajo y dedicarse de lunes a viernes al bienestar de ese niño. Pero desde las entidades insisten en que no se trata de un trabajo en sentido estricto, aunque exista compensación económica; por eso es tan complicado encontrar familias que encajen en el perfil.

Cuando empezó el proyecto piloto en Madrid, más de 500 personas se interesaron por el acogimiento especializado. De ellas, apenas un centenar acudió a las charlas que se impartieron después para los perfiles que sí cumplían con los requisitos: 24 parejas, 64 mujeres y siete hombres. "De todas, hicieron el ofrecimiento 18, y finalmente acabamos el piloto con seis acogimientos formalizados", detalla Sánchez, que hace hincapié en el "esfuerzo" que conlleva y en la necesidad de impulsar más campañas para atraer a profesionales dispuestos a participar. "Son personas muy valientes, están hechas de otra pasta", asegura.

También Pilar Piñeiro, de Aldeas Infantiles, asegura que "no hay suficientes familias acogedoras para atender a todos los niños que hay dentro del sistema de protección". Esto es algo que, además, depende de las comunidades autónomas y de los recursos que quieran dedicar a la desinstitucionalización de los menores, un objetivo que, además, viene recogido en la ley de protección a la infancia (la LOPIVI), de 2021. "Cada comunidad tiene unas competencias transferidas y decide cómo regula las distintas modalidades de acogimiento, con sus programas y sus apoyos... Aunque se está haciendo un impulso muy grande, todavía no hay una mirada única al niño en el sistema de protección. Está parcelado en 17 miradas, por las 17 autonomías. Y eso significa que donde nazca y viva ese niño va a condicionar unos apoyos u otros", zanja.