No llegamos a todo

No llegamos a todo

Parezco una persona a la que le va bien. Me lo dicen bastante. Que si las conferencias, que si Ayúdame3D, que si los diseños de prótesis, que si ahora una empresa familiar de joyas, que si un proyecto de prótesis para animales. Y entonces llega la pregunta: «¿Pero cómo llegas a todo?»

La respuesta es bastante sencilla: no llego. Hay una diferencia enorme entre lo que enseñamos y lo que vivimos. En redes compartimos el proyecto que sale, el aplauso de la conferencia, la idea que toma forma, la foto bonita, el momento en el que algo está funcionando. Pero rara vez enseñamos las pestañas abiertas, los mensajes sin responder, las tareas pospuestas, la procrastinación infinita, las ideas que no sabemos si podremos sacar adelante o esa sensación constante de ir unos pasos por detrás de nuestra propia cabeza. Hoy leía en Instagram una frase que me hizo sonreír: «Parezco normal, pero tengo 47 proyectos a medias y ahora mismo se me acaba de ocurrir otra idea». Sonrisa a media asta.

A veces, desde fuera la ambición parece organización. La creatividad parece productividad. Tener muchas ideas parece tenerlo todo bajo control. Y no siempre es así. Muchas veces significa vivir con una lista mental que nunca termina, empezar algo con entusiasmo mientras otra cosa sigue esperando y aprender a convivir con la frustración de no poder estar en todos los sitios a la vez.

También hay algo peligroso en admirar demasiado la capacidad de alguien para «llegar a todo». Porque quizá estamos celebrando una imagen imposible. Nadie llega a todo. Elegimos. Priorizamos. Dejamos cosas para mañana. Pedimos ayuda. Nos equivocamos. A veces cancelamos planes, respondemos tarde o descubrimos que una idea maravillosa tendrá que esperar meses.

Y creo que está bien decirlo. No porque haya que romantizar el caos, sino porque necesitamos dejar de confundir éxito con control absoluto. Puedes estar viviendo una etapa profesional increíble y sentirte desbordado. Puedes estar orgulloso de lo que haces y, al mismo tiempo, tener dudas. Puedes avanzar mucho en un área y sentir que estás descuidando otra. Y algunas noches me voy a dormir pensando más en lo pendiente que en todo lo logrado.

Cuando alguien me pregunta cómo consigo hacer tantas cosas, podría hablarle de disciplina, equipos, agendas o café. Todo eso ayuda. Pero la respuesta más real sigue siendo la misma: no llego a todo. Simplemente intento llegar a lo que importa. Y mientras tanto, probablemente ya se me ha ocurrido otro proyecto.