"¡Hijo, no vuelvas, resiste en España!": la vida de los menores del Trampolín que esperan conseguir ser trasladados a la Península
Los ceutíes han apodado como "caminantes" a los migrantes que desde poco antes de las diez de la mañana recorren las calles de la ciudad sin rumbo fijo, oficio ni beneficio. Esa es la hora a la que, según explican a 20minutos los moradores de la playa del Trampolín, la Policía los moviliza con el fin de permitir la limpieza e higienización de la zona. "Tenemos que irnos, paseamos", cuentan resignados.
Los lunes al sol no preocupan a los jóvenes llegados con vitalidad y repletos de sueños, pero hay entre los migrantes un grupo especialmente vulnerable: los menores de edad que llegaron a nado y permanecen solos en la ciudad autónoma. Es el caso de Mansur, de 17 años, identificado con una camiseta roja en la imagen que abre este reportaje. El joven, que dejó atrás a los suyos, recuerda poco de su travesía. "Intentaron hundirme unos subsaharianos, no sé qué pasó, solo sé que me desperté en una habitación". La "habitación" a la que se refiere no es otra que una consulta de las urgencias del hospital de Ceuta. El adolescente no es capaz de explicar cómo llegó hasta allí ni quién se hizo cargo de su rescate en el mar. Solo sabe que salvó la vida de casualidad.
Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado han identificado con claridad las diferentes fases de acceso a la ciudad autónoma. El 30 de julio a primera hora lo hicieron hombres jóvenes de entre 15 y 25 años, entre los que figuraba Mansur, provistos de aletas y neoprenos. A lo largo de ese mismo día sería el turno de familias con niños de muy corta edad y desprovistos del equipamiento que portaban los primeros. El mismo patrón se repetiría al día siguiente, el 31 de julio, primero los varones jóvenes y con opciones. Después, el resto. A día de hoy, 39 jornadas después de aquella entrada masiva, se estima que alrededor de 1.500 menores permanecen solos en Ceuta.
Mansur logró salvar la vida y ahora reparte tiempo y esperas con un grupo con el que además de ilusiones comparte la minoría de edad. Todos abordan a 20minutos y a su traductor para conocer de primera mano cuál es la suerte que van a correr por no tener aún 18 años. No saben a ciencia cierta qué va a ser de ellos, pero saben que tienen más posibilidades de quedarse en España al no alcanzar la mayoría de edad.
La mayoría mantiene contacto periódico con los suyos, pero no siempre les cuentan la verdad. Mohamed (16 años y el primero por la derecha en la imagen que abre este reportaje) prefiere tranquilizarlos. "Estoy bien", les cuenta sin darles demasiadas explicaciones. Por eso los suyos le animan a permanecer en Ceuta: "Resiste, hijo, no vuelvas", le pide su madre al otro lado del teléfono. La mujer desconoce, en realidad, las precarias condiciones en las que sobrevive su hijo.
Yuseff, Tarik, Mansur y Mohamed son menores de edad, pero una élite entre su cohorte, ya que son pocos los meses que a todos ellos les separan de la mayoría de edad. Nada que ver con los niños que pueblan el improvisado campamento del Trampolín. El más joven que ha podido localizar este diario cuenta con apenas 13 años y ha declinado contar su historia a 20minutos. Viste una mirada infantil, un pelo teñido de rubio y se limita a echar a andar tras esbozar una sonrisa y un tímido "sucran (gracias)" por prestarle atención.
Quien sí se ha animado a hacerlo es Alí, que con tan solo 15 años ejerce de jovencísimo cabeza de familia. El chaval es el penúltimo de siete hermanos y explica con crudeza por qué tuvo que tirarse al mar: "No tenemos recursos en casa y quiero ayudar a mis padres. Tengo que hacerlo", resume para hacerse entender. A pesar de la responsabilidad, Alí recorre la playa jugando y no duda en subir, bajar y encaramarse a los techos de las improvisadas cabañas. Juega en una arenal que le es ajeno, pero en el que ha depositado todos sueños.
Cuando en la playa se corre la voz de que hay periodistas preguntando a los migrantes, los menores empiezan a aparecer como por arte de magia. También lo hacen policías nacionales de paisano preocupados por el revuelo orquestado en el arenal. Los primeros tratan de obtener todo tipo de información sobre su situación, los segundos se retiran prudentemente cuando confirman que el equipo de 20minutos no corre peligro alguno.
Multitud de voces en árabe preguntan al traductor del diario, un ceutí musulmán de 38 años, sobre qué pueden hacer para quedarse. "Van a haceros pruebas para determinar la edad que tenéis y saber si sois mayores o menores de edad", se les repite una y otra vez. Pese a ello, ni la soledad ni las dificultades parecen amedrentarles. Y la respuesta vuelve a ser la misma cuando se les pregunta si no deberían volver a casa: "No, volver no. En Marruecos no hay ningún futuro", zanjan con convencimiento.
La misma firmeza con la que responden a cómo se organizó el asalto masivo de 80.000 personas, casi la misma población que la ciudad autónoma de Ceuta tenía el día de la invasión. "Las redes sociales, nos enteramos a través de las redes sociales, fue allí", no dudan en explicar. Cierto o no, Mansur y su grupo quieren saber cuándo y dónde va a salir publicada su historia. Y aunque no hablan aún español, se apuntan en el brazo en qué red social pueden acceder a este reportaje y ver publicadas sus fotografías.