Vencer la amaxofobia, el miedo a conducir: "Algo me hizo clic en la cabeza y empecé a imaginar todo tipo de escenas catastróficas"

Vencer la amaxofobia, el miedo a conducir: "Algo me hizo clic en la cabeza y empecé a imaginar todo tipo de escenas catastróficas"

Cuando Alexandra Palacios llega a su cita semanal con Sonia Rojas, su terapeuta, viene nerviosa, como casi siempre. Los días de sesión piensa sobre todo en una cosa: en cuando termine y pueda volver a casa. Aun así, no pierde ninguna cita porque está decidida a superar su miedo a conducir.

Alexandra no es primeriza con el carnet. Se lo sacó hace más de una década, cuando tenía 19. Durante años condujo siempre con su padre, su principal apoyo en el coche, pero cuando él falleció, en 2015, dejó de cogerlo. "Siempre había conducido con él y al verme sola, no soy capaz", cuenta sentada en un banco de un parque frente a su casa en el municipio madrileño de Torrejón de Ardoz.

El miedo se enquistó durante años. Ni siquiera cuando le salió la oportunidad de comprarse "el coche de mis sueños", cuenta, fue capaz de volver a ponerse al volante. Hasta que el año pasado, con 32 años, decidió enfrentarse a su miedo. Empezó con clases de reciclaje en la autoescuela, "que estaban bien para repasar lo que se me había olvidado, pero esa seguridad que tenía cuando estaba con mi padre no la conseguí", confiesa, por eso decidió pedir ayuda y se puso en contacto con Sonia.

La amaxofobia, o fobia a conducir, no es un simple nerviosismo al volante. Se define como una inquietud permanente y desproporcionada que surge antes y durante la acción de conducir. Las cifras sobre a cuántas personas afecta en España varían según cómo se mida. Según el Estudio de Amaxofobia en los Conductores de la Fundación CEA, más del 28% de los conductores tienen miedo a conducir en algún grado, siendo un 55% de mujeres y un 45% de hombres quienes lo sufren. Aunque, si se toma la fobia de conducción en sentido clínico, la prevalencia en España es de entre el 2% y el 6% de la población, según un estudio publicado en la revista Anales de Psicología de la Universidad de Murcia.

No es solo miedo

Para Sonia Rojas, la terapeuta que acompaña a Alexandra, hay una gran diferencia entre una fobia y un miedo: “Para hablar de fobia, la reacción tiene que ser desproporcionada con respecto al estímulo que lo genera, con una frecuencia e intensidad muy elevada y una duración que empieza con una ansiedad anticipatoria y que puede prolongarse mucho más allá después de salir del coche. Además, el nivel de sufrimiento que produce es muy alto y tiene que interferir de manera significativa en la vida de la persona”, explica.

Ese miedo tampoco se presenta siempre de la misma forma. Rojas cuenta que las situaciones que más ansiedad generan suelen ser “la velocidad y la autovía porque generan esa sensación de no tener salida cuando uno quiere escapar”, pero también los túneles, el tráfico denso, las glorietas complejas, la ciudad o el aparcamiento.

Ella misma sufrió amaxofobia: “Me constó mucho sacarme el carnet, pero como estudiaba psicología me hice un poco de autoterapia y conseguí superarlo y ahora me encanta conducir”, explica. Al acabar el máster, encontró un trabajo temporal como secretaria en una autoescuela, y ahí comenzó a charlar con los alumnos antes y después de sus clases prácticas. Fue entonces cuando se planteó que podría especializarse en terapias para superar el miedo a conducir. Y así nació, hace 12 años, Frena tu miedo, un proyecto que hoy coordina junto a profesores de autoescuela gracias a un convenio con Autoescuelas Lara.

Uno de esos profesores es Óscar García Gómez, que reconoce el problema en cuanto el alumno se sienta en el coche: “Les cambia hasta la actitud corporal”, explica, “se agarrotan, dejan de mirar los espejos, entran en una especie de visión túnel y solo quieren que aquello termine cuanto antes”.

Para Óscar, que tiene más de 20 años de experiencia como profesor de autoescuela y lleva 6 trabajando con Sonia, es muy diferente el respeto lógico ante una situación desconocida que puede sentir cualquiera que está aprendiendo a conducir, con lo que vive una persona que sufre amaxofobia: “No es simplemente un 'no me gusta conducir’ o ‘prefiero que me lleven’, es que entran en pánico”.

Las causas

Eva Llorente, otra paciente de Rojas con amaxofobia, sabe lo que es ese pánico. Había conducido durante años sin grandes dificultades, hasta que un día, llevando a sus padres al pueblo, pasó algo que nunca antes le había ocurrido: "Algo me hizo clic en la cabeza y empecé a imaginar todo tipo de escenas catastróficas. Me entró un agobio que alucinas", recuerda.

Pensó que sería pasajero, pero se fue intensificando cada vez más: "Al final, un poco por evitación, dejé de coger el coche". Si podía ir con alguien, iba. Si podía moverse en transporte público, mejor. Y, poco a poco, su vida empezó a organizarse alrededor de no conducir.

Lo que cuenta Eva encaja en lo que se describe como una amaxofobia secundaria: personas que han conducido bien durante años y que, tras una situación estresante o un pico de ansiedad, empiezan a sufrir ataques de pánico al volante. "En estas personas no hay un problema con el coche en sí, lo que ocurre es que a raíz de una situación personal, laboral o familiar de mucha carga, la ansiedad se ha desplazado. El ataque aparece al conducir porque es el momento en que están solas, en silencio y sin distracciones", explica la terapeuta Rojas.

En el caso de Eva, el miedo tenía una forma muy concreta: la autovía. "Ver una carretera larga y decir: no tengo salida. Si de repente me agobio, quiero salir y no tengo ninguna vía de escape", recuerda. A eso se sumaban los síntomas físicos, "taquicardia, sudoración" y una idea obsesiva: "me muero, me va a dar algo aquí", cuenta.

El entorno

Contar que se tiene miedo a conducir rara vez provoca comprensión inmediata. Más bien al contrario. Alexandra recuerda que, durante años, en su entorno escuchó frases como "tienes que conducir" o "te limitas mucho", y ella solo podía responder: "Pero es que tengo miedo, es que no puedo". La presión venía incluso de quienes querían ayudarla, porque desde fuera cuesta entender que alguien con carnet, coche y ganas de recuperar autonomía no sea capaz de sentarse al volante. "Es que va contra tu fuerza, o sea, más quisiera yo poder cogerlo sin más, pero no puedo", reconoce.

Ahora, en la carretera, esa incomprensión se multiplica: "El de atrás no entiende que yo tengo miedo", cuenta Alexandra refiriéndose a otros conductores. "A lo mejor, en una rotonda, que dude más en salir y que el de atrás me esté pitando porque no salgo. Lo llevo mal, como si ya hubiera hecho algo mal. Y entonces empiezo un bucle de pensamientos negativos".

Eva se encontró con algo parecido: "Cuando lo contaba todo el mundo me decía 'no, pero tú cógelo, que esto es echarse a la carretera y ya pasará, que esto no es nada'", recuerda. Durante años, además, cargó con la culpa de hacer que otros asumieran los trayectos: "Me sentía fatal, con mucha culpa y mucha presión por dejar que otros se comieran siempre el viaje y no poder repartir esa carga", explica.

Sonia Rojas lo ve a diario en consulta. "Se tiende a pensar que el miedo a conducir es solo miedo. Pero, ¡qué va! Hay muchísima tristeza, muchísima ira, muchísima vergüenza de reconocerlo, de expresarlo a los demás, de pedir ayuda". A eso se suma, añade, la culpa, porque muchas personas dejan de ir a planes, tardan horas de más en llegar al trabajo o viven con la sensación constante de ser una carga. "Y cuando por fin se atreven a decirlo, lo primero que suelen oír es: 'ya verás cómo te ayudo yo dos domingos y se te pasa'" enfatiza la terapeuta.

Por eso esta psicóloga especializada en amaxofobia insiste en una idea: la solución no pasa por lanzarse de golpe, sino por avanzar al ritmo que cada uno puede sostener. "Trabajamos con una jerarquía personalizada de pequeños hitos y dentro de esa escala vamos estableciendo pasitos y hasta que no está afianzado un paso no pasamos al siguiente", explica.

La liberación

Eva sale con una sonrisa enorme del garaje donde guarda su coche. "Se llama Cacahuete", dice refiriéndose a su precioso Fiat 500. Habla de él con una mezcla de cariño y orgullo, porque ya no lo ve como un objeto amenazante, sino como un espacio recuperado. "Para mí este proceso ha sido una liberación absoluta, y me ha dado mucha seguridad en mí misma”, explica Eva.

Ahora coge el coche todos los días para ir a trabajar e incluso ha hecho trayectos que antes parecían imposibles. "El verano pasado el viaje de Vigo a Madrid, en tramos de 45 minutos o una hora, con paradas, me lo hice yo entero", dice con orgullo. Su siguiente objetivo es poder hacer un viaje de tres horas seguidas conduciendo ella.

Ese avance que ejemplifica Eva, encaja con la idea que repite Óscar, el profesor de autoescuela especializado en amaxofobia: "El objetivo no es conducir como cualquiera, sino llegar a sentirse capaz de hacerlo", explica. "Y si una persona va a Oviedo y en vez de tardar 5 horas, tarda 6, pues tardará 6", dice, porque lo importante no es hacerlo rápido y perfecto, sino conseguir hacerlo.

En la sesión de hoy, Alexandra se ha marcado un hito: "A ver si hoy ya si se pone Sonia detrás para ir mentalizándome de que puedo estar sola", dice antes de la sesión. Sonia Rojas la mira con sorpresa. No lo tenía previsto, pero la deja marcar el paso. El gesto parece pequeño, pero dentro de su jerarquía de pasos no lo es en absoluto: significa empezar a probarse sin esa figura visible de apoyo que hasta ahora necesitaba a su lado.

Rojas lleva años viendo cómo muchas personas llegan a ella por el coche y acaban descubriendo que debajo había algo más: autoexigencia, necesidad de control, culpa, miedo a equivocarse. "El tratamiento es un proceso de crecimiento, de autoestima, de regulación emocional", explica.

En su despacho, un letrero grande resume bastante bien lo que sus pacientes buscan cuando deciden volver a sentarse al volante: "Drive your life", cuenta la terapeuta, “porque no se trata solo de volver a conducir un coche. Se trata de volver a conducir tu propia vida”.

Si quieres contactar con 20minutos, realizar alguna denuncia o tienes alguna historia que quieres que contemos, escribe a actualidad@20minutos.es. También puedes suscribirte a las newsletters de 20minutos para recibir cada día las noticias más destacadas o la edición impresa.