Sánchez por detrás de Von der Leyen
Eran las nueve de la mañana, como cantaba Juan Luis Guerra en su Visa para un sueño, y en los pasillos sonaba la sintonía anunciando la inminencia de que se abría la sesión de control al Gobierno; accedían a sus escaños las señorías más rezagadas. El banco azul registraba un pleno con todos los miembros del Consejo de Ministros, salvo la ausencia clamorosa de la ministra de Defensa. La presidenta de la Cámara, Francina Armengol, daba la palabra al líder de la oposición y presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, para que formulara la primera pregunta al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
En el orden del día figuraban escritas las preguntas, que traslucían la pereza con la que estaban redactadas, sin que se atisbara en ellas ni una pizca de inteligencia ni de trabajo previo en fuerte contraste con las respuestas preparadas por sus gabinetes a sus ministros, porque se diría que tienen memorizados los diarios de sesiones de las legislaturas que señorearon los presidentes peperos José María Aznar y Mariano Rajoy.
La primera pregunta del presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, indagaba sobre la imagen: «¿Cree usted que se ha degradado la imagen de España?». La segunda, planteada por Miriam Nogueras, de Junts, quería saber: «¿Qué opina el Gobierno sobre la situación actual?». La tercera, presentada por Mertxe Aizpurúa, de Euskal Herría Bildu, interrogaba al presidente sobre si «está dispuesto a tomar las decisiones que sean necesarias para, en lo que resta de legislatura, ampliar derechos laborales y sociales».
Las contestaciones del presidente Sánchez se abstuvieron de ofrecer respuesta alguna y probaron que estas sesiones se han invertido para convertirse en el control del Gobierno a la oposición. De modo que, cada miércoles, los jefes de gabinete de los ministros bucean en el Diario de Sesiones para extraer alguna incoherencia de los anteriores líderes del PP y arrojársela a la cara a quienes les interrogan.
A las tres preguntas estrella dirigidas al presidente Sánchez siguieron otras tres dirigidas al vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, de las que se sirvieron Ester Muñoz y Juan Bravo, del PP, y Ione Belarra del Grupo Mixto para intentar averiguar por qué hace tan mal las cosas, si conoce la realidad de la calle y qué opina el Gobierno sobre la situación social y económica de nuestro país. O sea, tres preguntas abiertas a las que bastaba una negativa para la primera, una afirmación para la segunda y una calificación como buena de la opinión que le merece la situación para la tercera.
Lo más llamativo fue que el vicepresidente Carlos Cuerpo optara por dar la espalda al presidente en sus turnos de respuesta. Luego, el diputado Guillermo Mariscal del PP sacó del aburrimiento a la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico intentando saber «hacia dónde nos lleva su desastrosa política energética». Concluido este turno, Sánchez abandonó el hemiciclo.
Una sesión tan penosa del pleno del Congreso como la de ayer sucede el mismo día en que la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, pronunció en Estrasburgo su discurso sobre el estado de la Unión en el que quiso dirigirse al pueblo español diciendo que «la frontera de Ceuta es una frontera europea, porque Ceuta es España, Ceuta es Europa y Europa estará ahí para ayudaros». Y añadió: «Que no quepa ninguna duda: Europa defenderá cada uno de los metros cuadrados de su territorio». ¿Será capaz Sánchez de repetir las palabras de Von der Leyen?