Para todos y de nadie

Para todos y de nadie

El Papa que defiende la complejidad frente a la polarización confirmó este lunes en su histórica intervención en el Congreso que es imposible encasillarlo. Nadie puede apropiarse del ‘efecto León’ en exclusiva. Porque clamó contra la discriminación de las personas por su origen, etnia o nacionalidad, pero también abogó por la defensa de la vida "desde su inicio hasta el ocaso". El Papa que escucha, que invita a las multitudes a hacer sitio al silencio, el que rompe el cordón de seguridad para acercarse, no lleva un programa asimilable al de un partido. Sí deja gestos, como la reunión con víctimas de abusos eclesiales; invita a pensar, concita unidad y pone la Magnifica humanitas, la dignidad humana, como base de una sociedad justa. Habla para todos y no es de nadie en particular.