La 'nueva normalidad' en los supermercados ceutíes: "No tengo por qué hacer la compra entre militares"

La 'nueva normalidad' en los supermercados ceutíes: "No tengo por qué hacer la compra entre militares"

Sandra Brull y Susana González acaban de hacer la compra en un conocido supermercado de la avenida cañonero Dato, en Ceuta, donde desde el pasado 30 de julio sus 83.000 vecinos conviven con los miles de migrantes que pasaron irregularmente la frontera y todavía permanecen en suelo español sin que se aviste una solución inmediata.

Estas amigas, 54 y 53 años, cocinera y pensionista, no se acostumbran a la 'nueva normalidad' instalada desde entonces en la ciudad que las ha visto crecer. "No tengo por qué ir a comprar entre militares", explica indignada Sandra a este periódico a las puertas del establecimiento bajo la atenta mirada de los efectivos del Ejército de Tierra destinados en las inmediaciones. "No hay derecho a vivir así, nosotros no somos los delincuentes", se lamenta. Una opinión que comparte su vecina Susana: "Estamos abandonados", zanja sin ambajes.

Mientras ambas empujan su carrito repleto de plantas, dos blindados militares y sus efectivos velan para que los ceutíes recuperen cuanto antes sus maltrechas rutinas. Desde hace semanas, los supermercados de la ciudad autónoma y muchas otras tiendas disponen de vigilancia militar y seguridad privada para evitar el desconcierto de los primeros momentos. Aquellos días, los migrantes accedían en grandes grupos a los establecimientos, destrozaban lineales y generaban encontronazos.

"No hay normalidad, sigue sin haberla", se lamenta una trabajadora de otro establecimiento mientras charla con 20minutos durante su pausa para el descanso. La joven, madre de una niña de 13 años, explica que ahora entran en grupos más reducidos, pero siguen produciéndose altercados: "Si no les vendes alcohol se enfadan, no te agreden porque no pueden, pero te insultan", cuenta nerviosa mientras muchos 'caminantes' (como ya los apodan) entran y salen de la tienda junto a los clientes de siempre, con los nervios a flor de piel.

Si no les vendes alcohol se enfadan, no te agreden porque no pueden, pero te insultan

Si bien es cierto que una vez dentro de las tiendas los recién llegados procuran pasar inadvertidos, su presencia es rápidamente detectada entre quienes hacen la compra. "Ahora entran de uno en uno", cuenta la trabajadora, que ha preferido mantenerse en el anonimato para evitar represalias de su empresa. El resto del grupo, como ha podido contrastar 20minutos, espera fuera.

Justamente esperando la salida de Hassan (27 años) se encuentran Karim (19) y Diss (21). En un rudimentario español, que solo habla Diss, muestran el pan, el yogur líquido y los pañuelos de papel que este último ha comprado para la reventa. Aunque los migrantes disponen de un efectivo limitado, salvo aquellos que reciben remesas de divisas desde Marruecos, hay también en Ceuta quien lamenta lo precario de su situación y empatiza con ellos: algunas personas ayudan a los chavales con propinas. La tensión está a flor de piel en el vecindario, y el hecho de intentar recabar el testimonio de los migrantes provoca las críticas al periodista: "¿Por qué no vais a hablar con las personas mayores que no se atreven a salir de sus casas, que llevan un mes encerradas como mi madre?", nos reclama una vecina que cruza el paso de cebra y, poco después, declina contar su testimonio pese a darle la oportunidad.

Entre quienes intentan ponerse en su pellejo está Aicha Mohamed Ibrahim, una musulmana ceutí de 52 años vecina de Loma Colmenar. Trata de entender a los recién llegados, pero también a los vecinos de siempre. "Ojalá que se arreglen las cosas para ellos, pero da miedo venir a hacer la compra. No dejan de pedir, yo sola no puedo venir, me acompaña mi hijo. Antes de venir he llorado al ver mi barrio cómo está, que está fatal", relata.