Eutanasia de Noelia Castillo: el sistema ha fallado

Eutanasia de Noelia Castillo: el sistema ha fallado

En junio de 1988, Ramón Sampedro decidió poner fin a su vida tras treinta años postrado en una cama. Su historia plasmada en la gran pantalla por Alejandro Amenábar en Mar Adentro, zarandeó la conciencia de millones de españoles. Marcó un antes y un después.

A pesar de ello, tuvieron que pasar más de tres décadas desde su lucha y la de otras muchas personas en su situación, para que España aprobase su ley de muerte digna. Siendo el séptimo país en el mundo en legalizar la eutanasia. Y todavía hoy son una minoría los territorios que han acabado regulándola.

En estos días, la historia de Noelia vuelve a mostrarnos una dura realidad que en demasiadas ocasiones preferimos ignorar.

Esta joven de veinticinco años tiene todo el derecho a decidir por ella misma que no desea seguir sufriendo. Decidir sobre su vida y su muerte, sin matices. Ahora bien, es inevitable preguntarnos si la política, la sociedad e incluso el sistema sanitario han fallado para que no tuviese otra salida.

Una madre con tres hijas desahuciada por no poder pagar una vivienda. Menores entregadas a un padre con adicciones. Posteriormente fue trasladada a un centro de acogida donde sufrió la primera de dos agresiones sexuales. Intento de suicidio. Lesiones físicas irreparables y problemas de salud mental que la llevan a un sufrimiento insoportable. Pleitear durante dos años por su muerte digna frente a la oposición de su propio padre. Y a esto sumamos sus últimos años en un centro geriátrico porque era la única opción de permanecer atendida.

Tras contemplar su lucha, me preguntó si no debió tener cuidados adecuados, recursos suficientes, respuesta de las instituciones y protección desde su infancia. Defender su libertad como persona adulta a decidir no está reñido con la reflexión sobre si estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para evitar las desigualdades y el abandono que hacen optar a ciudadanos por la opción de morir porque no hemos sabido cuidarlos. Llegamos tarde a los enfermos de ELA y estamos llegando muy tarde a los problemas de salud mental, olvidando que cada día son más los españoles que lo padecen y a edades más tempranas.

Nuestra ley es garantista. Está fuera de toda duda. A la vista está que a más de la mitad de las personas que solicitan su aplicación se les deniega al no considerarse que cumplen los requisitos.

Pero Noelia nos ha mostrado una verdad incómoda, el sistema ha fallado. Eso ha provocado en mí, e intuyo que en más personas, esa contrariedad. Y hoy al escribir estas líneas sigue fallando a muchas personas. La salud mental no está recibiendo toda la atención que merece en nuestro sistema sociosanitario.

Sampedro abrió una esperanza a morir dignamente, ojalá Noelia la abra a quienes hoy quieren vivir con dignidad y aún no entendemos que ese dolor necesita suficientes recursos y más atención para poder sanarse.