El Rey y el tiesto constitucional

El Rey y el tiesto constitucional

Es una cantinela ya manida cada vez que nos topamos con una catástrofe, con una situación nacional o internacional conflictiva o que el Gobierno de Sánchez comete una nueva irregularidad: "¿Qué hace el Rey que no se pronuncia?".

Las demandas de que el Rey se pronuncie, se moje, se posicione vienen siempre de quienes no experimentan la menor simpatía hacia la Corona y desearían que de un modo o de otro Felipe VI se saliera del tiesto constitucional. Que se saliera o que se pudiera interpretar que se ha salido de dicho tiesto en unos momentos tan obviamente difíciles como los que viene atravesando nuestro país desde el 1 de junio de 2018 en que Sánchez vio abiertas las puertas del poder.

En esta situación de tensiones evidentes entre La Moncloa y La Zarzuela, en las que, cuando el Presidente no compite con el Jefe del Estado en los protocolos, saltándose éstos, se afana en recortar los movimientos del Monarca (ahora tocan los rumores sobre el "aplazado" viaje a Ceuta) o se saca a pasear el fantasma republicano con la ayuda de la izquierda antisistema o del nacionalismo secesionista, el Rey hace muy bien en esquivar las intervenciones comprometidas, los roces y encontronazos que se le demandan desde el populismo radical de derechas, que, para remate, también tiene su pintoresca vena jacobina.

No. Mientras el Rey no se mueva del tiesto constitucional, la Corona está segura. Y en la memoria histórica de la propia institución está la lección del caro precio que pagó Alfonso XIII por salirse de ese tiesto vinculándose a la dictadura de Primo de Rivera. Quienes hoy tratan de animarle, en nombre de la democracia, a que haga la menor declaración o amago autoritarios incurren en una contradicción. Son esos peculiares y paradójicos constitucionalistas que no se sabe cómo se las arreglan, pero que cada vez que abren la boca lo hacen para denigrar de manera similar nuestra Constitución.

Hay finalmente un motivo más, que no se ha explicitado, para entender, respaldar y valorar la prudencia de Felipe VI en el presente contexto español. Vivimos unos días tristemente excepcionales en los que es constitucional de facto aquello que Sánchez dice que es constitucional y en los que no lo sería aquello que Sánchez decidiera que no lo es. Para colmo, cuenta con un Tribunal Constitucional en manos de quien está dispuesto a suscribir a ciegas ese criterio si es que se le puede llamar así. En una situación tan delicada e insólita, cualquier paso que diera el Rey contrariando la política gubernamental o presidencial podría ser interpretado como un movimiento fuera del citado tiesto. Da igual que no lo fuera para quien tiene a su alcance y de forma probada los instrumentos del ruido y la confusión, así como el título amañado de doctor en botánica democrática