La ocupación militar israelí convierte la vida en Cisjordania en una lucha diaria llena de incertidumbres
Saher, palestino, sabe que cada vez que un grupo de judíos israelíes religiosos quiere visitar la Tumba de Yosef en su ciudad, Nablus, él va a pasar unas cuatro horas en la calle con su esposa y sus hijos, haga el tiempo que haga. Una entidad privada y un consejo de colonos organizan las excursiones en autobús, fuertemente protegidas por el ejército israelí y que suelen acabar en disturbios (a veces con víctimas mortales) con los jóvenes de la zona. Como el derecho de los fieles a rezar en la Tumba de Yosef (sobre la que no existe consenso arqueológico y que veneran varias religiones) importa mucho más que el de Saher a tener una vida normal, “entre 20 y 30 soldados” se plantan cada vez en su casa sin avisar, y los echan.