Peregrinos bajo las bombas rumbo al Irak chií

Cuesta respirar con docenas de cuerpos apretando por todos los lados. Lo más fácil es dejarse llevar por una compacta ola negra de abayas y chadores. Son las mujeres mayores quienes avanzan con más determinación por las colas de seguridad, donde las guardas realizan un exhaustivo cacheo de cuerpos y registro de bolsos. Las ancianas marcan también el paso al grito de consignas religiosas que corea el resto. Avanzan descalzas en el mausoleo de la ciudad iraquí de Kerbala hacia la tumba del imán Husein, hijo del cuarto califa Ali —primo y yerno del profeta Mahoma—, muerto en la batalla en esa ciudad en el año 680, fecha fundacional del cisma chií, rama que profesan entre el 10% y el 15% de los 2.000 millones de musulmanes, según el Pew Research Center. Más de 20 millones de fieles visitaban anualmente este panteón, principal destino de peregrinación chií mundial. Pero la guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron hace ya más de un mes contra Irán ha impactado en este formidable trasiego de personas.

