Qué son los ceniceros tras un incendio y cuáles son sus efectos nocivos sobre la tierra

Qué son los ceniceros tras un incendio y cuáles son sus efectos nocivos sobre la tierra

Los incendios declarados en Madrid y Ávila, este último considerado el peor de la historia de España, están técnicamente estabilizados. Por eso, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció este jueves el fin de la emergencia nacional. La decisión supone rebajar la situación al nivel operativo 2 y devolver la dirección de la extinción a los gobiernos autonómicos. Este jueves fue "el último CECOD de emergencia nacional".

En el incendio de la Sierra Oeste madrileña, los trabajos de extinción de las últimas horas se han centrado en rematar "puntos calientes". Porque incluso allí donde ya no hay llamas el peligro no ha desaparecido. A los bomberos les toca hacer guardia de cenizas.

"El suelo está completamente hueco en muchas zonas quemadas y no lo ves", explicaba a 20minutos Kiko, uno de los vecinos de La Adrada (Ávila) que no evacuó para ayudar. De ese modo se generan ceniceros o pozos de ceniza, uno de los muchos peligros que enfrentan quienes combaten incendios forestales.

Los ceniceros o pozos de ceniza

Un cenicero es un remanente de un incendio forestal; un agujero en el suelo lleno de ceniza, que puede contener brasas calientes. "Una persona puede pensar que pisa en firme y de repente hundirse medio metro", comenta Víctor, bombero de la Comunidad de Madrid que también ha participado como voluntario.

La formación de estos fosos de ceniza puede deberse a la presencia de extensos sistemas de raíces de árboles y arbustos, así como a la presencia de turba y mantillo profundo que cubre el suelo. También los agujeros creados por los animales pueden convertirse en ceniceros. Pero, además, el propio fuego puede crear un vacío que luego se llena de cenizas.

Los profesionales los pueden detectar por la presencia de ceniza blanca o enjambres de insectos revoloteando. Son también indicios de su presencia el humo casi translúcido que emanan y el olor a combustión incompleta o a creosota quemada (el líquido oscuro y aceitoso que se deriva del alquitrán de madera).

En cualquier caso, apagado el fuego, los bomberos pueden detectar estos pozos de ceniza desde el aire con sensores infrarrojos. Luego, conviene excavar en ellos y extinguirlos para evitar rebrotes.

Los ceniceros representan un peligro para los residentes que regresan pasado el incendio. Pueden ser imperceptibles desde el suelo y permanecer calientes durante días. Caer en un foso de ceniza puede causar quemaduras graves.

El peligro de las cenizas para el agua

Depositadas o no en esos pozos del monte, las cenizas generadas por los incendios tienen efectos nocivos, especialmente sobre el agua. Las lluvias de otoño arrastran cenizas, metales y contaminantes hacia ríos, embalses y acuíferos, comprometiendo el suministro de agua potable en numerosos municipios y la afección a la biodiversidad, asegura Greenpeace.

Tras el desastre de las llamas, una de las actuaciones primordiales es intentar que el suelo no se degrade aún más. Podemos dejar ramas en el suelo, astillas, y otros productos de la zona (autóctonos) para hacer un acolchado protector, explica Sara Marañón, investigadora del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).

La evaluación de daños que permita priorizar las zonas de intervención hay que hacerla en la propia temporada de incendios, o sea, durante el mismo verano. Se trata de aplicar prácticas de manejo del suelo que permitan el crecimiento de la vegetación lo antes posible, antes de que esas primeras lluvias del otoño caigan sobre la tierra, de la que ha desaparecido la cobertura vegetal, y se acentúen los procesos de erosión.

"El fuego deja el suelo desprovisto de su cubierta protectora. Cuando llueve con intensidad suficiente, las gotas al impactar sobre el suelo desnudo y no poder infiltrarse generan los procesos de escorrentía", que se traduce en la erosión del terreno, comenta el profesor de Ingeniería Agrónoma de la Universidad de Castilla-La Mancha Manuel Esteban, especializado en procesos de erosión y de regeneración del monte, según recoge TVE. Esta erosión repercute, a su vez, en una mayor desertificación, un riesgo importante especialmente en la España mediterránea.

Los incendios forestales modifican las propiedades físicas y químicas del suelo, provocando procesos de hidrofobicidad, o repelencia al agua, de los suelos afectados. Eso supone una menor infiltración en el suelo y recarga de acuíferos, aumento de la escorrentía superficial y aumento del riesgo por ello de erosión del suelo fértil.

"Los incendios forestales son mucho más que llamas: su impacto continúa y pone en peligro ecosistemas fluviales y los acuíferos que son las reservas estratégicas de agua. El agua puede envenenarse durante años", advierte Mónica Parrilla de Diego, responsable de Incendios de Greenpeace España.

Recuperar el suelo lleva decenas de años

Después de un incendio de alta intensidad el suelo queda muy débil y esto tiene implicaciones para todo el ecosistema. Los suelos de las zonas quemadas tardan muchísimos años en recuperarse. Mientras los árboles tardan años o décadas en crecer, recuperar un solo centímetro de suelo lleva "unos 200 años aproximadamente", asegura Vincenç Carabassa, experto en la restauración de suelos del CREAF.

Su compañera Sara Marañón comenta que tras el fuego "se pierden muchos de los nutrientes que hay en el suelo (sobre todo nitrógeno) y desaparece la materia orgánica de las capas superficiales, lo que provoca que ese suelo sea menos fértil durante muchos años". Además, "se altera la vida que habita el suelo, tanto de microorganismos como de fauna".

Por si fuera poco, estos desequilibrios pueden convertir el almacén de carbono que es el suelo en un emisor de CO2 a la atmósfera y provocan que el suelo se erosione más fácilmente. Así se favorecen las escorrentías e inundaciones que antes mencionábamos.

En todo esto la luz la pone la propia naturaleza a la que tanto maltratamos. Árboles casi mágicos. De entre las especies del Mediterráneo, las rebrotadoras vuelven a regenerar el suelo creciendo de entre las cenizas en pocos meses, ocupando el espacio y dando nueva vida. Son las encinas, los abedules o las coscojas. Además, las especies que tienen bancos de semillas protegidos en el suelo o en piñas germinarán después del fuego y vuelven a conquistar el espacio.