AfD, el socio díscolo de la Internacional Reaccionaria
La Alemania del nunca más posnazi está en plena metamorfosis. Alternativa para Alemania (AfD) se alzó hace unos días con una clara victoria en Sajonia-Anhalt, uno de los länder del Este, y ha puesto la política alemana patas arriba: es la primera vez que la extrema derecha puede gobernar en ese país desde la II Guerra Mundial. Para entender a la primera potencia europea, si es que eso es posible, hay que examinar los temores de su ciudadanía: los ultras han conseguido traducir el sufrimiento relacionado con una crisis profundísima en la gramática del resentimiento cultural y nacional. AfD forma parte de la Internacional Reaccionaria que ya gobierna en Estados Unidos, en varios países latinoamericanos y en media docena de naciones europeas. Pero a la vez marca perfil propio: ha evitado moderarse, como han hecho Marine Le Pen y Giorgia Meloni para no espantar a potenciales votantes. Y solo esporádicamente participa de las tupidas redes internacionales tejidas en todo el mundo en los últimos 25 años, y de manera acelerada en el último lustro.