Prioridad nacional
El concepto prioridad es definido por la RAE como la “preferencia de algo respecto de otra cosa” y entre los variados sinónimos que cita, como preponderancia o preeminencia, incluye también el vocablo superioridad. Sabido esto, para quien trivialice lo que significa defender la llamada prioridad nacional en política, remarquemos que son justamente estas dos palabras las que constituyen el eje vertebral del pacto suscrito por el PP y Vox para formar gobierno en Extremadura. María Guardiola seguirá siendo presidenta y no habrá que repetir elecciones, pero el precio a pagar no sólo ha resultado mucho más elevado que en la factura previa a los comicios del pasado diciembre sino que marca el camino de las sucesivas negociaciones que Feijóo tiene por delante con la ultraderecha, y no son pocas. Así que tomemos buena nota de lo que priorizan los de Abascal y, sobre todo, de lo que el PP está dispuesto a cederle.
Esa prioridad nacional, que trasplanta a España el ‘American first’ trumpiano, ha pasado de ser uno de tantos elementos identificativos de la doctrina de Vox a convertirse en su principal bandera. Justo en la semana que arranca la tramitación de una de las mayores regularizaciones de migrantes residentes en nuestro país, aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez, los de Abascal han querido desbloquear el gobierno extremeño para mostrarse como abanderados en la defensa de los españoles frente a la "invasión" de negros y musulmanes que "parasitan" nuestros servicios sanitarios y sociales.
El infame pacto suscrito incluye prioridades y exclusiones en la sanidad pública y la concesión de ayudas sociales que chocan con la legislación vigente a nivel estatal o que están fuera de las competencias autonómicas. Pese a que ello pondrá difícil su puesta en práctica, lo acordado por PP y Vox en Mérida asienta la política de rechazo y obstaculización a la ley, como ya hemos visto en Madrid con la tenaz negativa de Ayuso a poner en marcha el registro de médicos objetores al aborto, a la vez que imparte doctrina y alimenta un rechazo al migrante que envenena la convivencia.
"Quedan los gobiernos de Aragón y Castilla y León a la espera de sus pactos entre el PP y la ultraderecha y, visto lo visto en Extremadura, no vamos por buen camino"
Prohibición del burka y el niqab en espacios públicos, segregación en el acceso a vivienda o ayudas públicas, rechazo al acogimiento de menores o eliminación de subvenciones a las ONGs que protegen, asesoran y ayudan a los migrantes más desfavorecidos… todo un listado de medidas xenófobas y racistas que, además, pueden poner en riesgo la agricultura extremeña, donde abunda la mano de obra foránea, y la pacífica coexistencia de nacionalidades que mayoritariamente se da en sus pueblos. Lo peor es que, además, Guardiola ha entregado a Vox la consejería de Servicios Sociales, a la que ha renombrado también con la significativa denominación de "Desregulación", al estilo de la famosa motosierra de Milei en Argentina.
En Génova intentan quitar hierro a lo firmado, aun cuando contravenga incluso directrices marcadas por el propio PP, pero Feijóo continúa cargando duramente contra la regularización impulsada por el Gobierno incluso lanzando bulos como el de que podrán acogerse inmigrantes que hayan delinquido en España. El contagio de políticas, mensajes y lenguaje de Vox hacia el PP avanza peligrosamente al ritmo de su necesidad de pactos y alimentado por el crecimiento electoral de los de Abascal que, aunque frenado en parte en los últimos comicios de Castilla y León, mantiene su condición de socio indispensable.
Cabría decir que la auténtica prioridad nacional en estos momentos es poner en alerta a la ciudadanía de lo que se nos puede venir encima con los posibles gobiernos de PP-Vox. No basta con rememorar las escenas vistas en Estados Unidos con las redadas antiinmigrantes del ICE y decir que “esto aquí no puede pasar”. Hay que impedir, activamente, que pase. Quedan los gobiernos de Aragón y Castilla y León a la espera de sus pactos entre el PP y la ultraderecha y, visto lo visto en Extremadura, no vamos por buen camino.