Magyar inaugura el cambio de régimen en Hungría
Una batalla decisiva es algo muy raro en el curso de la historia. Una fecha terminante es también algo difícil de adivinar: la dichosa historia es correosa, un género literario disfrazado de otra cosa; no tiene libreto, no confiere sentido a absolutamente todo lo que ocurre, no es una novela con sus protagonistas, héroe-antihéroe, en la que todo encaja a la perfección. Generalmente ocurre lo contrario, entramos en el futuro a empujones, pero a veces aparecen esas batallas, esas fechas, y todo encaja: el 9 de mayo se conmemora el Día de Europa, la victoria sobre el nazismo y la Declaración de Schuman, que dio inicio a las comunidades europeas. Y el 9 de mayo, tal día como ayer sábado, fue la fecha elegida para celebrar el entierro político de Viktor Orbán, el antihéroe de esta historia, y acometer el esperado cambio de régimen en Hungría. Con una sobria puesta en escena en el Parlamento húngaro, un deslumbrante edificio neogótico situado a orillas del Danubio, en el corazón de Europa central. Y con una energía electrizante en las calles: “Orbán nos ha jodido durante años; las cosas solo pueden ir a mejor”, decía gráficamente Marianna, una joven de 25 años, en la plaza de los Héroes, camino de la celebración en el Parlamento.