Escudos contra la guerra

Escudos contra la guerra

Hace sólo unos días el PP junto a Vox y Junts paralizaban con sus votos en el Congreso la prórroga de medidas como la que impide cortar el suministro de electricidad a familias vulnerables o la que mantiene el bono térmico para pagar la calefacción. Ambas forman parte de un paquete que el Gobierno denominó muy acertadamente en su día 'escudo social' y que ha ido prolongándose varios años al compás de las sucesivas crisis que venimos sufriendo desde el coronavirus. La derecha y la ultraderecha se parapetaban en una de ellas, la que impide desahucios en situaciones de vulnerabilidad y a cuyos beneficiarios acusan de okupas, para infligir una derrota al Ejecutivo. La guerra contra el sanchismo asumía el coste de dejar desamparada a una buena parte de la población.

Los insospechados designios de Trump y la delirante guerra iniciada contra Irán -esta de verdad, con muertos y misiles- han vuelto, de golpe, a sumirnos en un escenario de crisis y carestía así como de miedo y confusión. Urge de nuevo protección y escudos para que nuestra economía no se derrumbe ni la terrible inflación que viene hunda la economía doméstica de millones de españoles. Retorna la reclamación de ayuda pública y el PP vuelve a su conocida receta de las rebajas fiscales.

Para sorpresa de nadie los de Feijóo conciben la protección pública centrada básicamente en la bajada de impuestos cuando, paradójicamente, desde los ERTEs que salvaron miles de empresas en la pandemia hasta la subvención al combustible puesta en marcha tras la guerra de Ucrania precisan de ingentes fondos públicos. El planteamiento del PP, pese a todo, conlleva una mayor carga de profundidad. El escudo de protección social construido por este Gobierno desde sus inicios no sólo se asienta en ayudas puntuales sino también en un mínimo de recursos garantizados para que nuestra sociedad no se fracture ni deje abandonados a los más débiles. Cuando desde Génova apelan a bajar el IVA y el IRPF para aligerar el incremento del coste de la vida que puede acarrear la guerra de Irán están atacando, además, al enfoque de la distribución de ayudas que conlleva el tipo de escudo defendido por Moncloa y sus socios.

Este escudo social también alberga, por ejemplo, la histórica subida del Salario Mínimo Interprofesional de los últimos años o la implantación del Ingreso Mínimo Vital y del subsidio para mayores de 55 años en desempleo de larga duración. Dinero público para equilibrar diferencias sociales y de oportunidad. Vox no camufla su lenguaje y desprecia estas ayudas, que tilda de 'paguitas', y que nos cuestan dinero a todos. Aunque el PP no se atreve a tanto defiende como alternativa el recorte de impuestos que llega a todos cuando vienen mal dadas, una música que suena bien a la mayoría, mientras deja correr el agua que socava el apoyo ciudadano a cierta protección pública permanente.

Ahora que vuelven a sonar tambores de guerra que, aunque más lejanos que con Ucrania, pueden resultar más peligrosos por su impacto global, es cuando la respuesta desde el Estado no puede equivocarse. Para desgracia de todos la Unión Europea se presenta dividida y meliflua frente a Trump. Las declaraciones de Ursula Von der Leyen esta misma semana, certificando un nuevo mundo "sin reglas" y al que hay que adaptarse, auguran una UE sin respuesta justo cuando más falta hace. Lo de la 'excepción ibérica' que contuvo nuestros precios del gas en la crisis inflacionaria desatada por el conflicto en Ucrania será difícil de reeditar si la solidaridad no impera en Bruselas. Esperemos que en España el ciclo electoral en el que estamos inmersos este año y que está alimentado el imparable ascenso de la ultraderecha no empeore aún más la situación. Porque lo que viene necesitará muy sólidos escudos para no salir demasiado malheridos.