El deterioro de la salud mental, un desafío para la comunidad educativa: "Sin bienestar emocional no hay aprendizaje"
Durante décadas, el sistema educativo priorizó el rendimiento, las competencias y los resultados académicos. Lo más importante, y casi lo único, eran las notas de los alumnos. Sin embargo, la pandemia sacó a relucir una de las mayores lagunas del sistema educativo: el bienestar emocional de los niños, siempre relegado a un segundo plano, es igual o más importante, sobre todo en un contexto en el que crecen los problemas de salud mental entre la población infantil y cuando las tecnologías son ya parte imprescindible de su día a día.
"No hay aprendizaje sin bienestar". Esa es la conclusión a la que llegaron orientadores, psicólogos y responsables educativos en el foro organizado por 20minutos y el Grupo SM. El evento, moderado por el redactor jefe del periódico, Chema R. Morais, puso sobre la mesa la urgencia de abordar este reto y fomentar entornos seguros y emocionalmente saludables en las aulas. "En un estudio, vimos que el profesorado hablaba de un empeoramiento importante del estado emocional del alumnado", contó Ariana Pérez, coordinadora de Investigación de Fundación SM, en el que se vio que los desencadenantes de ese malestar solían estar relacionados con la familia y la tecnología. ¿El resultado? Alumnos con "problemas de conducta" y menos tolerantes a la frustración.
Coincidió con ella Laia Mestres, formadora en el Instituto de la Educación de la Universitat de Barcelona. Para Mestres, lo que se ve en las aulas no es más que el reflejo de la propia sociedad. "Una sociedad acelerada, muy compleja, hipertecnológica e hiperconectada que nos aleja del bienestar". Los centros educativos son cada vez más conscientes de esta problemática y, desde hace unos años, están implementando programas y planes de atención a la diversidad para eliminar esas barreras. Pero no está siendo suficiente, o al menos eso apuntaron todos los ponentes durante la mesa redonda. "El colegio tiene una responsabilidad, pero es compartida con las familias y los entornos sociales", aseguró María Gómez, responsable del Servicio de Orientación del Colegio Nuestra Señora del Pilar.
Una cadena de fallos
Se trata, según Leoncio Fernández, director del Colegio Santa María del Pilar, de "una cadena de fallos consecutivos" que generan ese deterioro emocional. Fernández apeló a los padres "que no siempre saben comunicar"; a los profesores, "a veces incapaces de detectar que ese niño vive su circunstancia doliente en silencio"; y a los propios compañeros de clase, que deben ser conscientes de que el bienestar del resto también les incumbe a ellos. Al final, no es más que potenciar que el colegio o el instituto sea "un espacio seguro y de cuidados", donde los niños sepan que tienen "la oportunidad de equivocarse", según señaló María Jesús Gallego, responsable del Gabinete Técnico del Colegio de Psicólogos. Y eso, según ella, solo se consigue asegurando antes que nada el bienestar del profesorado, muchas veces sin tiempo ni recursos para afrontar este desafío.
Los docentes también viven una creciente sensación de desgaste y saturación. "Si el profesor no está bien, es imposible que desarrolle un buen clima en el aula", aseguró Pérez, de SM. Por su parte, Laia Mestres pidió ir más lejos e incluir la educación emocional en los grados universitarios, donde se forman los futuros docentes. Pero según todos los intervinientes, eso queda luego en papel mojado si no se les dota de las herramientas necesarias. "Ellos solos no pueden hacer la guerra", sentenció Ariana Pérez.
En esa línea, Fernández contó que las bajas por problemas emocionales como la depresión se han multiplicado en los últimos años, alcanzando un nivel sin precedentes. "Hay docentes que están desbordados; no saben qué hacer. Y ellos son los ojos del aula, los que detectan los síntomas de alerta en los niños. Somos un triángulo, y solo desde ese enfoque de carácter preventivo es como podemos ayudarnos todos", defendió Gómez, que trabaja a diario con los niños desde el servicio de orientación del Pilar.
Ahora bien, ¿es posible enseñar bienestar emocional igual que se enseñan Matemáticas o Lengua? ¿O el verdadero reto consiste en transformar toda la cultura escolar? Para María Gómez, hay que empezar a trabajar con talleres emocionales desde los 3 años. Según Ariana Pérez, también hay que entender la importancia que cobran en la infancia y la adolescencia los espacios íntimos de los alumnos. Pérez explicó que muchos adolescentes sienten que nadie les ha enseñado a gestionar determinadas pérdidas afectivas, como el final de una amistad, que para ellos puede vivirse como un auténtico duelo. Esa fragilidad conecta también con el aumento de la llamada soledad no deseada entre los jóvenes, un fenómeno que durante años se asoció casi exclusivamente a las personas mayores.
Por ello, según Leoncio Fernández, la educación emocional tiene que ser más bien algo "transversal, longitudinal y coordinado por una figura o un equipo que ayude a que eso sea una realidad". Lo mismo opinó Laia Mestres, aunque ella defendió que la gestión emocional es una competencia más y que, como tal, debe tener un "tiempo específico". En cualquier caso, los datos demuestran que todavía queda camino por recorrer hasta que el bienestar emocional sea el pilar principal de la comunidad educativa. Porque, al fin y al cabo, de ello dependerá también lo único que valía hasta hace poco: el desempeño académico.
Ariana Pérez: "La excelencia acafémica no está reñida con la formación en valores
El Observatorio de la Escuela de la Fundación SM evidenció un deterioro en la salud mental de la comunidad educativa que afecta a los alumnos, pero también a familias y profesores. "El bienestar del alumnado es una de las preocupaciones centrales de los docentes. También es una de las principales fuentes de estrés y, a pesar de que se han dado muchos pasos en este tema, como la incorporación de la figura del coordinador de bienestar, los docentes siguen echando en falta un refuerzo en cuanto a la presencia de equipos profesionales dedicados a la salud mental", subraya Ariana Pérez. En SM han lanzado el proyecto Matices, con materiales didácticos, propuestas pedagógicas, formación docente y recursos digitales, para promover un enfoque educativo que atienda de igual modo al aprendizaje que al cuidado emocional del alumnado. "No está reñida la excelencia académica con la formación en valores. El modelo a seguir debe ser el de una escuela que cuida en base a tres pilares: una ética del cuidado que oriente cualquier tipo de decisión; el cuidado del espacio relacional; y competencias globales", zanja.
Leoncio Fernández: "La salud emocional se está integrando en los centros con una mezcla de miedo y desconocimiento"
Para Fernández, no hay "ninguna duda" de que el bienestar emocional se ha incorporado ya como un elemento más del contexto educativo. "Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que sin el cuidado de lo emocional no hay aprendizaje, o que el aprendizaje empeora sin bienestar", subraya. No obstante, y pese a la importancia que se ha demostrado que tiene la salud emocional en los niños y adolescentes, el director del Colegio Santa María del Pilar asegura que "se está integrando en los centros con una mezcla de miedo y desconocimiento". Los profesionales, dicen, no saben exactamente cómo afrontarlo, porque les falta lo que tilda como "el gran ingrediente": la formación. A los profesores les faltan recursos para saber cómo cuidar el bienestar emocional de sus alumnos. Y para ello, apunta, necesitan también la "confianza" de las familias y unas extraescolares válidas, porque es donde se relacionan con sus iguales. "El niño pasa cinco o seis horas en horario escolar, pero luego tiene unas actividades en las que, desgraciadamente, muchas veces se refuerzan los momentos negativos", señala.
María Gómez Pardo: "Antes, el bienestar tenía un papel secundario; ahora es un eje fundamental en las aulas"
Gómez habla desde la experiencia que le ha dado haber sido orientadora de un centro escolar durante dos décadas. En ese tiempo ha podido presenciar la "evolución" de la importancia que se le da al bienestar emocional en las aulas. "Antes tenía un papel secundario, de carácter reactivo, se abordaba solo cuando había un problema o un conflicto. Y ahora se ha convertido en un eje fundamental", subraya.
Según cuenta, ya no se concibe un aprendizaje "significativo" sin que haya una "cultura de centro" en la que se potencie el bienestar emocional de los alumnos. "Y esto en las aulas se traduce de muchas maneras. Con la ayuda de la dirección, con un plan de convivencia que apueste por la educación emocional, tutorías individuales, dinámicas grupales, planes de atención a la diversidad. Pero también por el bienestar docente, porque quien cuida necesita ser cuidado", asegura. Al final, defiende, lo que hay que hacer es trabajar con programas que favorezcan esa educación emocional, de tal modo que vaya "de la mano del aprendizaje". Porque la escuela, dice, "no es solo lo que educas, sino cómo lo haces y cómo llegas a la persona".
Laia Mestres: "Las aulas no dejan de ser un reflejo de la sociedad en la que vivimos"
También Mestres sostiene que la preocupación por el bienestar emocional ha aumentado mucho en los últimos años. Lo ha hecho, a su juicio, por algo más amplio que va más allá de las escuelas. "Las aulas no dejan de ser un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Una sociedad muy compleja, acelerada, hiperconectada, que nos aleja del bienestar", apunta. De eso bebe esa preocupación, pero también de la evidencia empírica que "ha demostrado que, si cuidamos el bienestar, estamos cuidando también el aprendizaje". La formadora ha creado un programa de desarrollo emocional llamado Look Inside, y asegura que, para preservar la salud mental en los centros, hay que cuidar cuatro factores: "El primero, formar a los docentes en competencias emocionales. El segundo es integrar el bienestar en los procesos educativos a través de proyectos que lo tengan como objetivo. El tercero, trabajar de manera rigurosa, específica y continuada, las competencias emocionales con el alumnado. Y el último y no menos importante, implicar a las familias".
María Jesús Gallego
Los datos, para María Jesús Gallego, dan un diagnóstico claro: "Hay una necesidad de abordar el bienestar emocional en los centros educativos". Según la psicóloga, esa urgencia se ha disparado en los últimos años porque también ha cambiado el entorno y las circunstancias en las que crecen los chavales. "Los niños se están desarrollando ahora en un contexto caracterizado por la incertidumbre, por la sobreexposición, por la indefinición de un futuro y, en algunos casos, por una falta de habilidades sociales", asegura. Gallego asegura que lo que está funcionando en los centros son todas las iniciativas que se incorporan en la propia cultura de colegio, más que aquellas que incorporan el bienestar emocional como "un añadido", como algo que se trabaja de forma aislada a cómo convive la comunidad educativa. Defiende también involucrar a los profesionales de infancia y a las familias. Aunque, sostiene, las escuelas e institutos son clave: "No son los únicos que enseñan, pero lo que ocurre en los centros es determinante para el resto de la vida".