Año de nieves
Es un clásico de nuestro refranero popular: "Año de nieves, año de bienes". El fundamento de tan rotunda afirmación tiene origen rural, la nieve en invierno nutre el terreno, mantiene la tierra húmeda, aísla las raíces de las heladas y prepara ese terreno para la siembra, además de que elimina plagas y malas hierbas. Así que atendiendo al viejo adagio, el recién estrenado 2026 será un buen año para los agricultores porque la nieve ya se ha dejado ver en gran parte de nuestra geografía. Es verdad que el sector agrícola con ser importante no tiene el peso de antaño cuando el campo en España representaba la fuerza base de su economía. En la actualidad el sector agrario solo supone un 2,5% del PIB, si bien la industria alimentaria y su comercialización eleva ese porcentaje a casi el 9%, lo que ya son palabras mayores. Así que bienvenida sea la nieve aunque cause algunos trastornos en las comunicaciones.
En realidad los analistas ya no cuentan con los viejos proverbios para hacer sus proyecciones económicas, ahora solo importa el dato puro y duro. Datos macro, que manejan tanto los organismos internacionales como los departamentos de estudios de instituciones nacionales. Y unos y otros vuelven a coincidir en que en 2026 la economía española volverá a crecer por encima del 2%, y lo hará tras haber subido un 3,4% en el 2024 y un 2,9% en el año que acabamos de dejar atrás. Esta previsión supone el volver a situarse en cabeza del crecimiento entre las economías más avanzadas, lo que el FMI, que se prodiga poco en halagos, califica de excepcional. Este organismo se felicita de que tal evolución no se deba tan solo al empuje del turismo, sector que impulsa de forma extraordinaria la economía española, sino también a la vitalidad tecnológica, las comunicaciones y los nuevos sectores atravesados por la inteligencia artificial.
Los cálculos y previsiones que hacen para España contrastan con la atonía que arrojan los de nuestros socios comunitarios que de presentar mejores cifras impulsarían aún más nuestra propia economía. El crecimiento de los tres grandes, Alemania, Francia e Italia, este año apenas pasará del 1%, según el FMI, y no hay que olvidar que los países de la UE junto con el Reino Unido son con diferencia los principales destinatarios de nuestras exportaciones y los que aportan la mayor parte de los turistas que nos visitan.
Lo llamativo es que este comportamiento de la economía española se haya producido en un contexto internacional especialmente adverso, superando expectativas tan negativas como las que imponen los conflictos bélicos de Ucrania y Gaza o la guerra de aranceles desatada por Donald Trump, constituyendo un lastre para el crecimiento económico en todo el planeta. A pesar de vectores externos tan negativos el mercado laboral español ha mostrado una fortaleza casi inédita, la inflación se moderó, aunque no todo lo deseable, y la inversión repuntó, en gran medida gracias a los fondos europeos.
Que España despunte en términos macro no quiere decir que el país carezca de problemas económicos y sociales de envergadura. Es obvio que esa bonanza no ha permeado lo suficiente en las clases medias y mucho menos en las más necesitadas. El que haya situaciones de pobreza incluso entre la gente con empleo indica que algo estamos haciendo mal, por no hablar del acceso a la vivienda convertido ya en el más acuciante problema nacional. Son asuntos muy serios que afectan a la vida de la gente y que serían aún más difíciles de abordar si los grandes datos de crecimiento no fueran positivos. Este "año de bienes" ha de bajar a la calle.