Alfombras y pasarelas
La poderosa industria de la moda que nos fuerza cada temporada a renovar el armario, más por capricho que por necesidad, dicta sus arbitrarios criterios a golpe de desfiles y alfombras rojas que transforman cualquier evento en pasarela para exhibir sus nuevas creaciones. Esta semana le toca el turno a Madrid, en una de sus dos grandes citas anuales, para hacernos llegar las propuestas para la próxima temporada de 30 diseñadores, donde conviven firmas consagradas y jóvenes promesas que pugnan por abrirse camino. Un buen lugar para ver y hacerse ver y donde el peso de cada cual se mide por los asistentes al front row, esa primera fila que marca distancias con el resto.
La moda también se vuelve espectáculo en los grandes eventos. Al margen de los premios, la noche de los Óscar centra toda la atención en los modelos que eligen para la gala los nominados y los invitados a la fiesta, que suele ser fruto, en la mayoría de los casos, de un beneficioso acuerdo entre creadores y famosos que después se reparten elogios o críticas por su atinada o desafortunada elección.
Aquí en casa, con los Goya, ocurre otro tanto. Este año con especial polémica por el peso de las influencers luciendo y publicitando el vestuario que necesitan para obtener más likes y seguir viviendo de su negocio mientras corren de photocall en photocall, que la vida es muy dura y hay mucha competencia.