Reencuentro con Nijinsky en el Liceo

Entre las diversas cosas que he querido ser y no me ha dado la vida para ello está bailarín de danza clásica. Me parecía más fácil que actor porque no había que memorizar texto y la verdad es que algunos maestros de lo corporal como Pawel Rouba o su mujer Irene consideraban que tenía aptitudes e incluso un salto de elevación más que notable. Ahora ya no, y ni digamos cómo me quedan las mallas. En su momento hice mucha barra, lo que me permitía intimar con las bailarinas que, con las sirenas y las amazonas, han sido siempre mi perdición. Una vez hasta participé en una master class con Lindsay Kemp que nos recalcó que se baila con los ojos y no con las piernas. Vale, pero a ver quién hace un double tour en l’air solo con la mirada.