Queremos tanto a Cristina Rota

Queremos tanto a Cristina Rota

Cristina Rota es actriz, es directora, es mujer, es enseñante, es madre y es argentina de origen. Sobre todo eso, sus vicisitudes y muchas cosas más igual de interesantes, Cristina ha escrito un libro que podríamos calificar de memorias sino no fueran bastante más que el recuerdo de una vida: Una historia de teatro y resistencia. Editado por Grijalbo hace un mes, lleva un prólogo firmado por Nuria Levi, María Botto y Juan Diego Botto, sus hijas e hijo, también creadores como ella, a los que seguramente se conoce más que a la madre.

El libro de Rota es un encuentro sin anestesia con la vida, con su vida, por supuesto, pero con la que vamos construyendo cada día desde la cuna de manera dura, agradable, feliz a veces, plena e inconmensurable casi siempre. Es un libro escrito de un tirón, metafórico, y para ser leído de un tirón, literal y así lo hice: una bella tarde. Cuando te das cuenta que un libro va a poder contigo por encantamiento, es mejor derrotarse a la primera, "pocas veces el café está a la altura de su aroma" (pág. 21), no es el caso. Desde la infancia dura de un hogar de maltrato paterno que un día "me puso el delantal de aprender y me lanzó al mundo del humanismo, del conocimiento".

Sabía de Cristina y de su labor como maestra de actrices y actores, sabía de sus hijos. Supe de su libro en una desatinada entrevista que le hizo el periodista Fortes en La noche en 24 horas: qué desperdicio, no hay peor entrevista en el ámbito de la cultura que la del que pretende gloria apresurada y oculta la vanidad del que la hace. Pero esa es otra cuestión para otro espacio. A mí me sirvió para descubrir el libro e iniciar su lectura, lo cual es muy de agradecer.

Dice Cristina del nacimiento de su hijo Juan: "Salió, observó, se hizo una idea del mundo, lloró y al instante se durmió. Estaba destinado a ser el hombre tranquilo". (Pág. 163). Y así lo ha hecho y lo hace, en películas y obras de teatro, en España y en el mundo.

La prosa de Rota atrapa porque tiene el encanto suave de las palabras más difíciles y el apaciguamiento de los momentos más pesarosos de la vida. La prosa de Rota enamora y enseña. La tentación de avanzar en un artículo lo que cuenta es difícil de soslayar, pero para eso está la fotografía de la autora en la portada del libro, de Begoña Rivas: cuando naufragaba en la lectura, por distintas razones siempre inmensas, contemplaba la foto, como hago ahora. Y todo iba bien.