El Cangrejo, el nieto “favorito” de Raúl Castro que se sienta a hablar con Estados Unidos
Hay un hombre que le habla al oído a Raúl Castro. Le susurra durante el Desfile del Primero de Mayo en La Habana, o interpone su mano si una señora quiere tocar la del expresidente, como si a la mujer le hiciera falta confirmar que realmente sigue vivo. Cuando Castro despachaba discursos ardientes —siempre menos que los de su hermano Fidel— en la Plaza de la Revolución, ahí estaba el hombre a sus espaldas, firme bajo el calor fulminante del trópico. Si Raúl recibía al Papa Francisco en la capital cubana, ahí estaba el mismo hombre, vigilando sus pasos. Dicen quienes lo conocen que es “el niño de los ojos” de Castro. Dicen, además, que tiene un dedo extra debido a una condición congénita y que sus allegados le encasquetaron un apodo: El Cangrejo. Se nombra Raúl Guillermo Rodríguez Castro, es el nieto de Raúl y su guardaespaldas. Desde hace meses, sin embargo, parece custodiar algo mayor: no solo los hombros de su abuelo, sino el destino de su país.