Que nos invadan
¡Que nos invadan! Me da igual quién, sea un país vecino, lejano, o una nación de alienígenas. Necesitamos reiniciar el sistema. Hemos aprendido en los últimos tiempos que ni se habían hecho las obras necesarias ni contábamos con protocolos serios antirriada, que podemos sufrir apagones, que las revisiones de la Alta Velocidad dejan mucho que desear, que los fondos de la Unión Europea no se ejecutan como debieran, que se trabaja activamente para que los españoles de unas regiones tengan privilegios, que las amnistías son perfectamente válidas si benefician a independentistas condenados o, de forma "encubierta", a etarras, que se puede seguir al frente de un país sin Presupuestos Generales del Estado, que ser familiar-amigo de un político con mando en plaza te augura un mejor futuro que aprobar una oposición, y, ahora, con la que está cayendo, que en el acceso a la vivienda pública también hay picaresca.
Lo más escandaloso de la promoción Les Naus de Alicante no es el hecho de que algunos, aprovechando presuntamente su posición privilegiada de funcionario o en el partido, se hicieran o se beneficiaran de algún inmueble, lo más grave, a mi juicio, es que en 25 años, se dice pronto 25 años, nuestros representantes solo han sido capaces de sacar adelante una promoción pública en una de las capitales con más demanda de España. Esta única razón es más que justificable para que dimitieran, por incapacidad.
Esto no puede acabar con una simple comisión en Les Corts y con unas cuantas dimisiones. El problema es de fondo, ¿o acaso la política en vivienda del Botànic sirvió para algo? Tacita a tacita nuestros dirigentes siguen con su particular secuela de La escopeta nacional berlanguiana, pegándose y pegándonos tiros en los pies. Ya nos llegarán un Trump o un Petro carpetovetónico, ya nos llegarán por desgracia. Por eso digo que prefiero, perdonen la boutade, que nos invadan.