La fraternidad de los iraníes fue mi salvoconducto para huir
La primera columna de humo negro que se levantó sobre la ciudad me convirtió en Mina, la protagonista de la película El Espejo. Fue como un hechizo, pero en aquel momento no era consciente porque corría a mi habitación en la novena planta del Grand Hotel de Teherán para narrar en la Cadena SER el inicio de la guerra desde una posición exclusiva. En realidad, es ahora cuando entiendo que esos días fui como esa niña que protagonizaba el filme de Jafar Panahi. Vulnerable al tener que enfrentarse sola a los peligros de la gran urbe para volver a casa, pero afortunada por la fraternidad de los iraníes que a mí, como a la pequeña, nunca me ha faltado hasta que conseguí salir del país.