El gimnasio, el templo de la Generación Z: "Es el sitio donde construyen su identidad con respecto a lo socialmente aceptado"
Son amigas, veinteañeras y quedan dos o tres veces al mes para ir juntas al gimnasio. Por separado van más a menudo, pero ese rato se cuentan sus vidas entre repeticiones de hip thrust y sentadillas. En la misma sala de musculación con espejos en las paredes coinciden con otros chicos y chicas haciendo pesas o máquinas, aislados con auriculares inalámbricos. En un aula acristalada contigua un grupo repite coreografías aceleradas guiadas por la música y una monitora musculada.
La escena representa el ecosistema de cualquiera de los cerca de 5.000 gimnasios que hay en España. En las grandes ciudades hay uno casi en cada esquina, ya sea en formato pequeño, mediano o grande. Después de la pandemia abrían al ritmo de uno cada día. Los gimnasios triunfan ahora sobre todo gracias a la Generación Z, la formada por los jóvenes de 15 a 29 años, que los han encumbrado a la categoría de templos. A ellos peregrinan casi a diario, solos o en parejas. Es tal el fenómeno que los sociólogos se han convencido de que son el "tercer espacio social", después del hogar y la escuela o el trabajo.
En los últimos años, la juventud ha incorporado ir al gimnasio a su rutina diaria. Necesitan comer, beber, dormir, estudiar o trabajar y, ahora, también entrenar. La última Encuesta de Hábitos Deportivos, publicada en enero, confirmó que el 62% de los mayores de 15 años paga por hacer ejercicio, una tasa que alcanza el 83% en la franja de edad de los más jóvenes. La encuesta desvelaba también que es mayor la vinculación con la práctica deportiva de los "solteros que viven en casa de sus padres" (80,6%) y entre "los casados o en pareja, sin hijos" (73,6%).
Lugar de socialización y de reconomiento
Los sociólogos emplean la "teoría del tercer espacio" para describir aquellos lugares de encuentro público, informales y neutrales, donde la gente se relaja o construye comunidad en base a conversaciones informales. Se consideran cruciales para la sociedad civil porque fomentan la conexión y reducen la soledad. Si antes el tercer espacio social eran los parques, los bares, las asociaciones, las iglesias o las bibliotecas, ahora también lo es el 'gym'.
"Es una liberación del estrés, estamos en una época donde la salud mental de los jóvenes va en decadencia y creo que esto es un sitio donde uno digamos puede liberar todas esas energías malas, ese volumen de estrés. Es un lugar de paz, para mí lo es" (Manuel, 26 años)
José Antonio Alcoceba, profesor de Sociología en la UCM, entronca el auge del gimnasio en el surgimiento de nuevas instituciones a nivel social que tienden a aglutinar lo colectivo. "Teniendo en cuenta que la sociedad es cada vez más individualista, el gimnasio cumple ese espacio de ritual por un lado y también de autoafirmación de la identidad", analiza.
Alcoceba es, además, uno de los sociólogos que opina que los jóvenes han elevado el gimnasio a la categoría de templo, porque lo consideran un lugar de socialización y de reconocimiento propio y de los demás. "A otras generaciones nos parece un espacio de autoexplotación, pero para ellos es su lugar. Tengo tiempo que me sobra, me voy al gimnasio".
En un claro paralelismo con las iglesias, Alcoceba dice que los jóvenes que podrían elegir entrenar por libre, como quien reza en casa, sin embargo asumen ir a "un sitio donde saben que están compartiendo, que están construyendo su identidad con respecto a lo que socialmente es aceptado. Y, si encima lo notan en su cuerpo y alguien les dice: joder, cómo estás, qué bien, ¿no?. Entonces el refuerzo es permanente".
La gente en los últimos años valora más estar en forma. Nuestros padres salían mucho más que nosotros de bares y nosotros valoramos pagar por hacer ejercicio" (Isabel, 24 años)
En la puerta de un Basic Fit de Madrid un jueves de junio a las cinco de la tarde el asfalto arde y casi todos los usuarios que entran y salen de la instalación son veinteañeros. Como Isabel, Manuel, Carlos o Javier. Preguntados por sus motivos para venir al gimnasio, contestan que "por salud", "para mantenerse en forma", "por cuidarme". Aunque también coinciden en que el entrenamiento les ayuda "a desconectar", "evadirse", "liberarse" de lo que viven de puertas a fuera, que identifican con unas vidas repletas de estrés y ansiedad.
Evadirse de la precariedad
La profesora de ciencias políticas Natalia Millán, docente también en la Universidad Complutense, suele tratar con sus alumnos el tema del auge de los gimnasios. Lo analizan en clase como un nuevo fenómeno social y multicausal. En su opinión, el gimnasio es "un espacio de profundo disciplinamiento que surge en una época de auge del neomachismo. "A los hombres se les vende la idea de que deben ser fuertes para producir, conseguir y se interconecta con un profundo individualismo y con el capitalismo, en el que todo se comercia y todo se vende. Donde el cuerpo es un objeto a conquistar, a controlar y, como carta de presentación, tienes que llevarlo al límite y exponerlo como un producto".
Respecto a las mujeres, Millán destaca los efectos del "bombardeo" en las redes sociales que, según esta profesora, "reproducen ese mandato del patriarcado de que ellas tienen que ser amorosas, compasivas, cuidadoras y estar guapas". Así, señala su adicción a un espacio virtual "en el que las influencers son todas flacas, guapísimas y viven en casas estupendas. Venden ese ideal en un mundo cada vez más transparente, donde toda tu vida se vuelve una mercancía que tienes que exponer".
Yo creo que nuestra generación es algo que nos ayuda mucho a afrontar el día, la ansiedad, el estrés, entonces bueno, es una de las razones por las que creo que se va más al gimnasio" (Estefanía, 26 años)
Un día en su clase de la Universidad una alumna le explicó a Millán que "en un mundo tan precario como el actual, donde todo les resulta difícil, donde están cargados de ansiedad, miedo, escepticismo, incertidumbre, con una sensación de desasosiego vital brutal, hay, frente a toda esta esta ansiedad y este sentido de final de época, la idea de que el cuerpo sí que es algo que puedes controlar. Que eso está a tu alcance. No puedes controlar conseguir un trabajo, no puedes controlar tener una casa, todas esas cosas que la comunidad no te está proveyendo a pesar de que son tus derechos, pero el cuerpo sí está bajo tu control", revela.
Los jóvenes entrevistados en la puerta del Basic Fit hacen una conexión inmediata entre cultivarse físicamente y una buena salud mental. "Nuestra generación está mucho más concienciada con la salud física y realmente el ejercicio ayuda también a la salud mental", defienden. "Creo que para nuestra generación (el gimnasio) es algo que nos ayuda mucho a afrontar el día, la ansiedad, el estrés", opinan. "Venimos por una liberación del estrés. Estamos en una época donde la salud mental de los jóvenes va en decadencia y creo que esto es un sitio donde uno puede liberar todas esas energías malas, ese estrés. Es como un lugar de paz".
Bombardeo de las redes sociales
La profesora Millán recomienda no perder de vista las dinámicas dentro de los gimnasios, con grupos siguiendo órdenes de monitores y el resto aislados haciendo máquina. Unas dinámicas que se venden con una pátina de autocuidado pero que esconden el mandato de un tipo de cuerpo concreto, el musculado, el definido, lejos de la diversidad real. Opina Millán que nos debería obligar a pensar qué significa que el mundo social de los jóvenes ahora se desarrolle en un espacio "tan individualista, productivista, acelerado, estético hacia fuera y aunque parezca contradictorio, desconectado y poco respetuoso con las necesidades de unos cuerpos cargados de emociones y traumas".
La Generación Z en España, según indican todas las encuestas nacionales, bebe y fuma menos que las precedentes. Pero además, las tarifas planas de la versión 'lowcost' de estos complejos deportivos los vuelven atractivos para los jóvenes. "Por unos treinta euros al mes les aportan maquinaria, espejos, pesas... todo un ecosistema del que si quieres no sales. Esto les cunde. Puedes venir solo o con los amigos y todos a lo mismo: a trabajar el cuerpo", reseña el sociólogo Alcoceba.
"Los jóvenes quieren verse bien físicamente, aparte de que lo ven en redes sociales, como gente de tu grupo lo va haciendo, al final te fortalece por dentro". (Javier, 22 años)
Los jóvenes consultados a las puertas de otro entrenamiento reconocen sin dudarlo que les influyen sobremanera las redes sociales y el culto al cuerpo que proyectan. "Cien por cien", dirán varios, tanto las chicas como los chicos reconocen la presión estética que uniformiza los cuerpos. "Al final, el estar todo el rato viendo gente que va al gimnasio, que hace ejercicio, que come sano, te influye, aunque tú no quieras", resaltan.
Para los sociólogos consultados por 20minutos, los jóvenes han resignificado el gimnasio. "Un espacio para trabajar el cuerpo se ha convertido en un recurso para afrontar y liberar tensiones de las exigencias laborales, académicas y personales de la vida cotidiana", destaca el profesor Alcoceba, quien resume que el gimnasio ofrece a esta generación "una sensación de control y eficacia personal en un escenario marcado por la incertidumbre. Parece haberse consolidado como un espacio de autocuidado físico y emocional que probablemente ha llegado para quedarse".