Diez años después del Brexit, la Unión Europea aprende a convivir con el divorcio
Durante años, el Brexit fue el gran trauma político de la Unión Europea. La salida del Reino Unido obligó a Bruselas a gestionar un divorcio inédito y consumió miles de horas de negociación. El abandono de uno de sus grandes miembros también sembró dudas sobre el proyecto europeo. Hoy, diez años después del histórico referéndum, el estado de ánimo en Bruselas ha cambiado. El drama ha dado paso al pragmatismo. En un escenario global de extrema turbulencia, con la guerra de Rusia contra Ucrania, la cada vez más dañada relación de Europa con Estados Unidos, la competencia con Washington y Pekín o la transición energética, el Brexit ha dejado de ser una cuestión existencial. La pregunta ya no es si el Reino Unido debió salir del club comunitario sino hasta dónde puede acercarse y colaborar, pero sin volver a la UE.