Sánchez desafía a sus socios consciente de que no retirarán su apoyo: "Solo hay dos vías para acabar la legislatura y ninguna se dará"

Sánchez desafía a sus socios consciente de que no retirarán su apoyo: "Solo hay dos vías para acabar la legislatura y ninguna se dará"

Era previsible que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pasase al ataque contra la oposición para defenderse de los casos de corrupción que cercan a su entorno. Lo que no esperaban muchos de sus socios es que esa ofensiva también se dirigiese contra ellos. El malestar se extendió entre varios de sus aliados, que consideran que el día en que el presidente debía dar explicaciones no era el momento para los reproches ni para elevar el tono contra quienes sostienen la legislatura. Sin embargo, Sánchez optó por desafiarles, convencido de que ninguno retirará su apoyo. Desde el Gobierno recuerdan que solo existen "dos vías para acabar la legislatura" —una moción de censura o un adelanto electoral— y dan por hecho que "ninguna" se producirá. Tampoco contemplan la propuesta de Junts de una dimisión del presidente para facilitar el relevo por otro dirigente socialista, una opción que el Ejecutivo descarta de plano.

Lejos de adoptar un perfil bajo, anunciar alguna de las medidas que le habían pedido sus socios o de concentrarse en ofrecer explicaciones por los escándalos que afectan al PSOE, Sánchez dedicó buena parte de su intervención a desacreditar el relato de la oposición, denunciar una supuesta estrategia de "acoso y derribo" de la derecha y defender que no existe una trama de corrupción sistémica en el partido. El presidente admitió que se han producido comportamientos "inaceptables" y pidió perdón por haber confiado en personas que le decepcionaron, pero insistió en que la diferencia está en cómo responde cada organización cuando aparecen los casos.

Insistió en la idea de que ni su dimisión ni unas elecciones anticipadas van a solucionar el problema. Al contrario, sostuvo que abandonar ahora el Gobierno supondría entregar el poder a una derecha que, a su juicio, tiene una concepción mucho más laxa de la corrupción y que además gobierna con una extrema derecha a la que presentó como una amenaza para los avances sociales de los últimos años. En la práctica, Sánchez planteó el debate reduciéndolo a dos escenarios: mantener la mayoría actual o abrir la puerta a un Gobierno de PP y Vox que revierta los avances sociales de la legislatura.

Las explicaciones no fueron suficientes para sus socios que, además de no ver ninguna medida sobre la mesa -más allá de la llegada al Congreso de una ley que Sánchez anunció hace un año-, recibieron también algún reproche por parte del presidente. Fue especialmente duro con ERC, Junts y Podemos, contra quienes cargó por cuestionar la continuidad de la legislatura desde una posición que, dirigiéndose a Gabriel Rufián, calificó de "superioridad moral". Fuentes del Gobierno consideran, no obstante, que a Sánchez le resultaron especialmente molestas las palabras de la portavoz de Podemos, Ione Belarra, al asegurar que "el tiempo de Sánchez ha pasado".

En todo caso, en Moncloa creen que el enfado tendrá un recorrido muy limitado. Consideran que, pese al malestar, ninguno de los grupos que sostuvieron la investidura está dispuesto a asumir el coste político de provocar un cambio de Gobierno. Esa lectura explica, en parte, la subida de tono de Sánchez en una de sus comparecencias más complicadas de la legislatura. En el Ejecutivo están convencidos de que la presión judicial seguirá creciendo, pero también de que sus socios, por ahora, siguen teniendo más razones para mantenerse a su lado que para abandonarle. "Solo hay dos mecanismos para acabar la legislatura: uno no se va a dar y el otro tampoco", resume un miembro del Ejecutivo.

En las filas socialistas respaldan y justifican la subida de tono de Sánchez alegando que no tienen más opción que responder a todos los reproches, puesto que las elecciones están cada vez más cerca y eso también se nota en las intervenciones de sus aliados. "¿Qué más podemos hacer?", apuntan desde la Ejecutiva socialista. Es el mismo argumento que expone otro diputado socialista, que prevé que "esto va a seguir así" en lo que queda de legislatura y hay que ir diciendo ya "las cosas de frente".

"Cabreo" entre los socios

No obstante, Moncloa aseguraba antes de la comparecencia que uno de los objetivos era, precisamente, el contrario: acercar más a sus socios. Pero, finalmente, los socios encajaron la ofensiva de Sánchez con una mezcla de estupefacción e indignación. Ninguno esperaba que elevase los decibelios contra ellos a este nivel, y menos en una comparecencia en la que en principio iba a acudir para dar unas explicaciones que, para la mayoría, resultaron insuficientes. Los aliados de Sánchez le recriminaron que "eche balones fuera" y que se presentase al Pleno sin poner ninguna medida nueva contra la corrupción y con un tono que no consideran el adecuado. "Ha copiado a Feijóo al meterse con los socios e igual no le sale tan bien", señala un diputado de Sumar.

Para los grupos que suelen respaldar al Ejecutivo, lo de este miércoles no fue otra cosa que un refuerzo del discurso del "y tú más" hacia el PP y les reprochan el tono más duro y el contraataque en sus intervenciones. Más de uno echó la vista atrás y le recordó que, si hoy está en la Moncloa, es por ellos y que ese apoyo puede ser retirado en cualquier momento si sigue esperando un respaldo incondicional en el poco margen que tiene en esta recta final de la legislatura.

"Usted es presidente gracias a nosotros", espetó el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, que aseguró que la "persecución" que dice que está sufriendo el Ejecutivo no se debe a sus políticas, sino que son más bien un castigo por "pactar" con todos los socios de investidura. La actitud del líder socialista removió a sus aliados en sus escaños, que si ya llevaban días intentando alejarse del presidente para marcar distancias con la trama, este miércoles se colocaron directamente de frente, aunque sin terminar de romper con él.

Para todos, Sánchez se quedó corto a la hora de dar explicaciones. Varios coincidieron en que no terminó de responder a la pregunta que sobrevuela en el Congreso desde la caída del exsecretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, hace justo un año: cómo pudo desarrollarse una trama de estas características en el entorno más próximo de Ferraz sin que nadie detectara las irregularidades. Que el dirigente socialista apostase este miércoles por las "trincheras", como dijo Maribel Vaquero, del PNV, "no es la solución"; igual que tampoco creen que lo sea el presentarse como la única alternativa al "mal" para que sus aliados asuman su liderazgo como si fueran lentejas.

El fantasma de la ultraderecha sobrevoló, de nuevo, la intervención de casi todos los grupos a la izquierda del PSOE que, aunque dejaron claro que no contemplan facilitar un Gobierno de la derecha, también advirtieron que no estaban dispuestos a concederle un cheque en blanco. Como alternativa a ese escenario, Junts presentó su propia propuesta: la 'vía Stramer' que, en todo caso, en Moncloa también rechazan de plano.

La única alternativa que ven los de Puigdemont a una moción de censura es que Sánchez se eche a un lado y dimita para que las Cortes puedan elegir a un nuevo presidente. "Apártese y deje que este parlamento ponga a alguien que sí tenga la capacidad de cumplir con Cataluña y los catalanes", sugirió la diputada independentista Miriam Nogueras, inspirada en lo que ocurrió en Reino Unido esta misma semana, cuando el primer ministro Keir Stramer dimitió tras meses de presión de su propio partido.

En Podemos, su primer socio de Gobierno en la anterior legislatura, directamente le dijeron que le retiraban su apoyo. Ione Belarra exigió elecciones por primera vez desde que se destapó toda la trama de corrupción y le pidió que "deje paso" por el "daño irreparable" que estaría haciendo al movimiento del 15M, del que nació su formación.