La Vivienda como Eje de Cohesión Social

La Vivienda como Eje de Cohesión Social

Posiblemente a muy pocos madrileños les resulte cercano, a estas alturas del siglo XXI, los Programas de Barrios en Remodelación. Un proceso enquistado en el paisaje de Madrid.

En el tapiz de la historia social española, pocos elementos han demostrado una capacidad tan poderosa para unir a las comunidades como la vivienda. No se trata solo de un techo sobre la cabeza, sino de un derecho fundamental que ha catalizado la participación ciudadana, fomentando la solidaridad y la acción colectiva. La reivindicación por una vivienda digna ha sido el factor que más ha cohesionado la capacidad de participación en España, con un enfoque particular en Madrid. Durante décadas, este movimiento social no solo transformó paisajes urbanos, sino que también forjó un tejido ciudadano robusto, culminando en iniciativas como los Programas de Barrios en Remodelación, convirtiéndose en un pilar de la democracia participativa.

Para comprender esta dinámica, es esencial remontarse al contexto histórico. Durante la dictadura franquista (1939-1975), España experimentó un éxodo rural masivo hacia las ciudades, impulsado por la industrialización y la búsqueda de oportunidades económicas. Madrid, como epicentro de este fenómeno, vio cómo su población se duplicaba en pocas décadas, pasando de alrededor de un millón de habitantes en 1940 a más de tres millones en 1970, gracias a la incorporación de municipios periféricos como los Carabancheles, Vallecas, Villaverde, etc..

Esta migración descontrolada generó un caos urbanístico: surgieron barrios periféricos improvisados, caracterizados por el chabolismo, barracones y subarriendos precarios. Lugares como El Pozo del Tío Raimundo en Vallecas o Usera con Orcasitas (Cornisa, Poblado Dirigido, Orcasitas y Orcasur), etc. Treinta barrios se convirtieron en enclaves de marginalidad, donde familias enteras vivían en condiciones insalubres, sin servicios básicos como agua corriente, electricidad o saneamiento. 

En este escenario de desigualdad, emergió el movimiento vecinal como una respuesta orgánica y colectiva. Las asociaciones de vecinos, nacidas en la clandestinidad durante los últimos años del franquismo, se convirtieron en el vehículo principal para la reivindicación. Inspiradas en principios de autoorganización y reclamación de justicia, estas entidades no solo demandaban mejoras urbanas, sino que también cuestionaban el modelo autoritario.

La vivienda digna se erigió como el reclamo central, ya que afectaba directamente la supervivencia diaria. "La casa es el primer derecho", se convirtió en un lema implícito que unía a obreros, inmigrantes y clases medias bajas. Este enfoque en la vivienda permitió cohesionar esfuerzos dispersos: lo que comenzó como protestas locales por alcantarillado, pavimentación, transporte público, evolucionó hacia demandas integrales de remodelación urbana. 

La Transición Española (1975-1982) marcó un punto de inflexión. Con la muerte de Franco y la incipiente democracia, el movimiento vecinal ganó legitimidad. En Madrid, la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), fundada en 1977, jugó un papel importante, junto con organizaciones políticas como el PSOE y el PCE.

Esta federación aglutinó a cientos de asociaciones, representando a miles de familias. Fruto de su presión, se lograron conquistas como el paso de chabolas a viviendas dignas. La FRAVM no solo organizaba manifestaciones y ocupaciones simbólicas, sino que también negociaba con autoridades locales y nacionales. Este movimiento, junto con Enrique Tierno, en la alcaldía, Juan Barranco y Alfonso Guerra, desde el PSOE, consiguieron, con dichos programas apoyados por el PCE, resolver uno de los problemas más complejos de una ciudad, Madrid, que se acababa de acercar a la democracia.

Su lucha demostró que la vivienda no era un bien de mercado, sino un derecho social que requería intervención pública. 

Este plan, impulsado por el Ayuntamiento de Madrid bajo el mandato de Enrique Tierno Galván y continuado por su sucesor Juan Barranco, abarcó 30 barrios periféricos afectados por el chabolismo. El objetivo era erradicar el mismo, mediante la construcción de cerca de 40.000 viviendas sociales, la mejora de infraestructuras y la participación activa de los vecinos.

El Plan de Remodelación reconoció una "deuda social" acumulada durante el franquismo

El Plan de Remodelación reconoció una "deuda social" acumulada durante el franquismo, donde el Estado había fallado en proveer vivienda adecuada. Barrios como Palomeras o San Agustín de Vallecas, las tres Orcasitas en Usera, y otros muchos, especialmente en el sur de Madrid, fueron remodelados, beneficiando a decenas de miles de familias, cerca de 150.000 personas.

Lo innovador de este proceso fue la participación: comisiones vecinales supervisaban el diseño, la adjudicación de viviendas y hasta el realojo temporal durante las obras.

Esta dinámica cohesionadora se explica por varios factores. La vivienda toca lo más básico: la seguridad familiar. Al unir a vecinos en una causa común, trascendía divisiones ideológicas o étnicas, creando redes solidarias. Además, el movimiento vecinal incorporaba elementos de educación cívica: asambleas, debates y acciones colectivas formaban a los participantes en democracia.

El impacto perdura hasta hoy. Aunque el Plan concluyó en 1989, su legado es un movimiento ciudadano potente que ha influido en posteriores movilizaciones. Procesos posteriores han resurgido a partir de la burbuja inmobiliaria de 2008, pero el desarrollo colectivo no ha tenido el mismo impacto en el ámbito institucional.

Sin embargo, evidentemente, no todo fue idílico, pero su éxito radica en la cohesión generada: de 1979 a 1998, extendido en fases, erradicó gran parte del chabolismo madrileño, integrando periferias al centro urbano.

En comparación con otros movimientos sociales, la vivienda destaca por su capacidad inclusiva. Mientras que luchas laborales o ambientales pueden fragmentarse por intereses sectoriales, la vivienda une transversalmente: afecta a todos, fomentando alianzas duraderas. En Madrid, esto consolidó un 'poder vecinal' que influyó en políticas municipales, como planes de regeneración urbana posteriores.

Los Programas de Barrios en Remodelación, el Plan 18.000, y el Pasillo Verde Ferroviario, son las últimas propuestas que dieran respuesta al grave problema que genera la ausencia de vivienda social para las personas sin capacidad de pago, ni de alquiler y mucho menos de compra.

La voluntad política juega un papel fundamental en este proceso, que requiere la participación de los tres niveles de la administración pública (Gobierno central, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos). Además, es importante la incorporación de la iniciativa privada y todo ello debe ampararse en un gran acuerdo a largo plazo, al menos de 25 años, que permita a los ciudadanos recuperar la confianza de que el sistema es capaz de resolver tan complejo problema.

En conclusión, la vivienda ha sido el elemento que más ha cohesionado la capacidad de participación en España, particularmente en Madrid.

Hoy, en un mundo de desigualdades crecientes, este legado nos recuerda que la verdadera democracia surge de lo local, de la lucha compartida por lo esencial. Si algo enseña la historia madrileña, es que un techo digno no es solo un derecho: es el cemento de la sociedad.