Dar la cara
La reciente tragedia de Adamuz ha vuelto a recordarnos, dolorosamente, que la política no sólo va de campañas electorales, polémicas entre partidos, polarización o griterío mediático. La más alta tarea de a quienes confiamos la gestión pública con nuestros votos es organizar la convivencia y administrar los recursos comunes para el objetivo compartido de una vida segura y en paz. Catástrofes naturales o accidentes escapan de sus manos, pero no la posible prevención, el auxilio a las víctimas ni la búsqueda de causas o negligencias que eviten su repetición. También, inexorablemente, la rendición de cuentas y la asunción de responsabilidades.
El ministro Óscar Puente, bestia negra del PP desde que entrara en el Gabinete, puede alardear, sin mentir, de haber dado la cara desde el primer momento tras el trágico choque de trenes que se ha llevado por delante la vida de 45 personas. No es suficiente, hay que esclarecer las causas del desastre y tomar medidas futuras, pero la premura en el suministro de información proporciona, al menos, un suelo firme por el que transitar en tan oscuras y confusas circunstancias. El titular de Transportes, tan vehemente como experto en polémicas y habitual fustigador de la oposición, ha mostrado, en esta ocasión un perfil sosegado, conciliador y preciso apenas conocido y que ha sorprendido a más de uno.
La cantidad de entrevistas y declaraciones de Puente sobre cómo iba avanzando la investigación del accidente, además de su constante presencia pública durante toda esta última semana, ha llegado a irritar a Feijóo. "Nos han llenado de datos para confundirnos", ha criticado el líder del PP una vez finalizada la frágil tregua política de los tres días de luto que le concedieron al Gobierno. Génova se ha lanzado esta semana, sin demora, a pedir la dimisión del ministro e, incluso, la del presidente. Adamuz, inexorablemente, ya se ha sumergido en la feroz contienda política.
Sánchez ha defendido la gestión de Puente, quien, además, acudirá este mismo jueves a dar explicaciones sobre el accidente en el Senado, precediendo al presidente, que las dará en el Congreso el 11 de febrero. Moncloa parece decidida a afrontar esta grave crisis con la bandera de 'dar la cara', en contraste con el eterno escondite al que Carlos Mazón ha jugado durante más de un año para eludir sus responsabilidades en la mortal tragedia de la DANA.
Esta misma semana se podrá comprobar, en parte, si esta estrategia resulta efectiva para el Gobierno. Moncloa se había precipitado anunciando un laico homenaje de Estado a las víctimas para el próximo día 31, que la tensión política le ha llevado ahora a aplazar sin fecha, y la Diócesis de Huelva ha organizado su propio funeral religioso para este jueves, con la presencia de los Reyes. La ofensiva ya desatada por el PP con el accidente ha dado un paso más pidiendo al Gobierno que no asista para no ofender a las víctimas, pero el Ejecutivo acaba de confirmar que será la vicepresidenta María Jesús Montero quien acuda. El clima que se respire en la multitudinaria misa dirá mucho de cómo está asistiendo la ciudadanía a la respuesta política ante la tragedia.
Aún quedan detalles cruciales para señalar las causas y culpabilidades, si las hay, del siniestro ferroviario más trágico de nuestra historia. En una semana ya sabemos que el origen no está en los trenes, sino en las vías, en una soldadura concreta y no en el trazado de la vía ni el raíl. ¿Hay certezas y motivos para que Adamuz se haya convertido ya en la principal munición política contra Pedro Sánchez? De momento, dar la cara parece no resultar suficiente.