‘Tenzing’, el ‘biopic’ edulcorado del pastor de yaks que conquistó el Everest
En 1953, escalar el Everest era un asunto tan incierto como alcanzar la Luna. Nadie conocía las verdaderas dificultades de la empresa, pero esta se había convertido en un asunto de prestigio nacional. Los occidentales temían los efectos devastadores de la hipoxia y los locales temían la furia de los dioses. Ser los primeros en alcanzar la cima se convirtió en una prioridad para el entonces llamado Imperio británico, en pleno proceso de descolonización. También para un niño, pastor de yaks en la meseta tibetana, criado en un lugar tan inhóspito como privilegiado: creció admirando la cara norte del Everest. Dicen que es más fácil desear, incluso amar, aquello que contemplamos a diario. La montaña posee esta cualidad, por mucho que también cause indiferencia.