Jim Jarmusch, cineasta: “Si pones dinero en mi película no me dices cómo hacerla, seas quien seas”
Cuando termina una película, Jim Jarmusch casi siempre se pone enfermo. El malestar varía, puede ser un resfriado, una gripe, o peor. Pero el fenómeno se repite desde hace años. En su filmografía, el cineasta tiende a plantear más preguntas que respuestas. Sobre su salud, en cambio, ha llegado a una conclusión clara: “Es jodidamente duro hacer una película. Y lo es por igual ya sea buena o mala. Requiere mucha resistencia y concentración. Si diriges y escribes, estás implicado en todos los detalles. La gente piensa: ‘Oh, es glamuroso. Estás con Cate Blanchett, tomando un té’. No tienen ni idea”. Habla por la veintena de largos que suma, a sus 72 años. Y también por las noches en blanco, los fallos de cámaras, los cambios de última hora, o la tormenta que engulló las localizaciones donde tenía previsto filmar una secuencia de Dead Man. Así que ha empezado a entrenar, recurre al Tai-Chi. Y también a una cita, de su compañero de profesión Werner Herzog: “Tienes que ser casi un atleta”. Uno, en su caso, hecho a sí mismo, sin entrenadores ni dopajes como un gran estudio detrás.