El PSOE se lanza a la estrategia del voto útil ante la falta de acuerdos a su izquierda
En los primeros días tras el adelanto electoral, el PSOE decía respetar los tiempos de los partidos a su izquierda y esperar a que se organizasen. Esa cautela empieza a dar paso a un mensaje más útil para la campaña socialista: la fragmentación ya no es solo un problema que deban resolver Frente Amplio, Podemos y sus aliados, sino también un argumento para reclamar el voto de sus electores. La apelación se dirige sobre todo a las provincias pequeñas, donde el reparto de pocos escaños penaliza a las candidaturas que concurren divididas. El PSOE busca así presentarse como la papeleta progresista con más posibilidades de convertir esos votos en representación y, al mismo tiempo, disputar espacio a unos partidos que siguen negociando su encaje y sus liderazgos a tres días de que venza el plazo para registrar coaliciones.
El argumento tiene una base electoral concreta, pero también una intención política: convertir la división de la izquierda en una razón para que sus votantes se agrupen en torno al PSOE. Este martes el mensaje lo lanzó abiertamente la portavoz del PSOE, Montse Mínguez, que apeló al "voto útil" del PSOE sobre todo en provincias como la suya, Lleida, donde se reparten pocos escaños. "Ahora se tiene que mirar dónde nuestro voto puede ser útil y evidentemente hay un espacio a nuestra izquierda que cuanto más organizada esté, mejor", señaló la también diputada. En Lleida, por ejemplo, Sumar logró 14.407 votos en 2023, pero ningún asiento en el Congreso, mientras que el PSOE, con 53.860 votos, se hizo con dos diputados.
En Castilla y León, Sumar obtuvo 100.737 votos en las últimas generales y tampoco logró ningún diputado; el PSOE, con 462.788 papeletas, consiguió 12 escaños, frente a los 19 de PP y Vox. Óscar Puente condensa esa aritmética en un mensaje de campaña: "Todo el voto a la izquierda del PSOE en Castilla y León es un voto regalado a la derecha". El ministro, que encabezará la lista socialista por Valladolid, no solo advierte del efecto de la ley electoral: plantea que, en esas provincias, votar a otra fuerza progresista puede favorecer indirectamente a sus adversarios.
El llamamiento llega, además, con la negociación de las candidaturas a la izquierda del PSOE todavía abierta y con el calendario en contra: las coaliciones deben registrarse antes del viernes. Para los socialistas, esa incertidumbre puede funcionar como una oportunidad para atraer a votantes que en 2023 optaron por Sumar o Podemos y para presentar las generales como una elección entre dos bloques, con el PSOE como principal —y en las provincias pequeñas, según su argumento, única— opción progresista con posibilidades de obtener escaño.
La urgencia también responde a un pronóstico adverso: encuestas como la última de DYM para 20minutos sitúa al PSOE en el 28,2% y entre 107 y 111 diputados, mientras PP y Vox sumarían entre 200 y 208. Con Sumar y Podemos en el 3,6% y el 2,6%, respectivamente, la apelación al voto útil busca maximizar la representación socialista y reducir la fuga de votos hacia una izquierda fragmentada.
El llamamiento al voto útil no catapulta la estrategia inicial del PSOE hacia su izquierda, pero sí la desplaza un paso: en los primeros días, los socialistas evitaban abrir un frente con esos partidos, les pedían que se organizasen y alcanzasen pronto un acuerdo. La razón era también electoral, ya que Ferraz necesita maximizar sus propios escaños, pero no le conviene que sus posibles aliados desaparezcan o se queden sin un mínimo de fuerza parlamentaria. Ahora, con la derecha muy por delante en las encuestas, el PSOE empieza a presionar directamente a los votantes en las provincias donde la fragmentación puede dejar papeletas sin representación.
De hecho, existe una página web que se está moviendo entre las filas socialistas -'Stopderecha'-, que lleva esa lógica al terreno provincial. No plantea votar siempre al PSOE, aunque sí en casi la mitad de todas las circunscripciones. Recomienda, por ejemplo, optar entre EH Bildu y el PSE-EE en Álava, que elige cuatro diputados, o entre PSOE y Sumar-Compromís en Alicante, que reparte doce escaños. El criterio es apoyar a la candidatura progresista que, según su cálculo, tenga más opciones de disputar representación en cada circunscripción.
Esta estrategia encaja con las otras vías que explora el PSOE para el 29-N para maximizar sus resultados. En el Congreso, reclama concentración del voto en determinadas provincias; en el Senado, estudia listas conjuntas con fuerzas a su izquierda para disputar al PP los tres puestos que suele llevarse la candidatura más votada. No es una apuesta por romper con esos partidos, sino por ordenar la competencia de forma distinta según la Cámara y el territorio: Ferraz quiere arañar votos propios sin cerrar la puerta a acuerdos que puedan ser decisivos después. La dificultad es que el llamamiento también puede acentuar la disputa por el electorado de Sumar y Podemos, justo cuando esas formaciones siguen tratando de cerrar sus candidaturas.